El Regreso del Príncipe

El Renglón Torcido

Hubo mariposas, que volaron hasta separase tanto del camino de baldosas amarillas, que nunca supieron encontrar el camino de vuelta a su lugar. Mariposas de un príncipe que se desvanecieron en un atardecer de tinieblas y tempestades. Perdieron sus colores vivos, se tornaron grises y melancólicas. Apáticas mariposas, solitarias voladoras.

Revolotearon allá donde fueron, intentando dejar su alegría posándose donde quiera que estuvieran. Pero su halo de desesperanza hacía que nunca consiguieran ser felices si no era en su camino. En el que un día dejaron sin saber como y al que siempre anhelaron regresar.

Pero llegó un día en el que, en la distancia, esas mariposas del príncipe comenzaron a oir voces, a notar olores conocidos, a conocer como cercano los lugares por los que volaban. Y conforme eso les iba sucediendo, mas agitaban sus alas. Ellas notaban que su camino del que una vez partieron sin un rumbo fijo, estaba cada vez más cerca.

Mientras tanto, caminando por las baldosas amarillas, tropezando, levantando y andando, el principe proseguía su andar. La ciudad de las esmeraldas se antojaba en el infinito. Tiempo atrás la vislumbró, anclada y guarecida bajo centenares de puntos rojos. Y en su caminar, añorando aquellas mariposas que una vez le abandonaron, comenzó a sentir que algo cambiaba.

El cielo comenzó a tornarse colorido, en la lejanía oía la melodía que una vez dejó de escuchar. Esa melodía era el sonido de las alas de sus mariposas que aquella tarde de verano se desvanecieron. Cada vez mas cercanas, cada vez mas colores. Y de repente volvío a verlas. Justo delante de él. Miles de pequeñas alas llenas de colores, frente a él, en su camino.

Y se acercó hasta ellas, para hablarles, y saber si ésta vez volverían para seguir acompañandole en su camino. Las mariposas envolvieron con su amor, su belleza y su paz de nuevo al jóven principe, mientras él cerraba los ojos para sentirlas de nuevo, otra vez.

Cuando el príncipe volvió a abrir los ojos, vió de nuevo claramente la ciudad de esmeraldas que una vez perdió de vista. Y seguía tal cuál la recordaba, adornada de miles de puntos rojos que una vez pensó rotos para siempre.

El principito feliz, comenzó de nuevo a caminar. Y cuando miró a su lado, vió que de nuevo, en su caminar no estaba sólo. El Sr. Pintor volvió para decorar de nuevo sus pasos sobre las baldosas amarillas.

 

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3 comentarios sobre “El Regreso del Príncipe

  1. Al príncipe le digo que me alegro mucho por él y su felicidad; a las mariposas que “..follow, follow, follow the yellow brick road..”; y a las perdices, que estén en guardia y atentas a su alrededor, que en estas historias las pobrecillas siempre tienen las de perder… jeje… Un abrazo. Nos vemos!

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