El Renglón Torcido

 

Una cena entre amigos, puede dar lugar a mucho tipo de conclusiones y valoraciones en cuanto a las cosas que vivimos día a día y que compartimos con los demás. Las charlas con individuos siempre, digo siempre, son constructivas. Nunca, en absoluto destructivas. Siempre se aprende algo nuevo, independientemente de si la conversación verse sobre como está el tiempo en Zaragoza, cuándo fue la última vez que lloramos o cuando tuvimos sexo salvaje. De todas y de cada un tipo de charlas, hay que sacar por lo menos algo en positivo. Algo que nos ayude a que nuestro día a día sea mejor. Con mas sonrisas en nuestra cara para iluminar la de los que nos rodean. Con mas carcajadas sonoras que suenen en oídos ajenos, siendo para ellos melodías de alegría.

Ayer sacamos alguna que otra conclusión bastante interesante. Y no, no producto del alcohol que a veces acompaña mis cenas y mis estancias con individuos. Sólo fue una cena tranquila, a la que Las Vegas no pudo unirse, pero que compartió los previos. Madonna Lilly y yo, yo y ella. Sólos, como muchas veces hemos estado, y desestado, y desvariando, y riendo, y por qué no, tratando de arreglar el mundo a golpe de palabras y sentencias mundanas que no iran mas allá de donde alcanza nuestra vida.

¿Y que descubrimos? Pues algo interesante respecto a lo que se puede o no leer en éste blog y las consecuencias que su lectura puede traer a mi vida diaria. Ahí va:

Punto 1: NO leas éste blog si a consecuencia de su lectura, algo dentro de tí te va a hacer sentir mal y, como consecuencia, repitiéndome, hace que tengas la necesidad imparable de mensajear al escritor del mismo para pedir explicaciones de mis palabras.

Explicación: escribo, siempre lo hago. Para bien o para mal. No estoy en continuo sufrimiento ni mucho menos, sólo que las veces que escribo tristezas, son pequeños momentos de debilidad que comparto con mi ordenador. Nada mas. Cualquier parecido con la realidad, es mera ilusión óptica de vuestras pantallas.

Punto 2: NO leas éste blog si a consecuencia de su lectura, vas a cambiar de opinión y en lugar de un polvazo estupendo y apoteósico, lo que quieres conmigo es que hagamos punto de cruz.

Explicación: escribo, siempre lo hago. Me repito. Estoy bien, a ratos mejor a ratos no tan bien, pero en definitiva estoy bien. Hablo de sentimientos porque me es mas fácil hablar de ello que escribir de otras cosas, como el sexo. Pero que se le va a hacer, soy una persona. Soy un chico de 31 años que obviamente tienen necesidades como toda persona viviente que hay sobre la faz de la tierra. (Y aquí inciso para meter algo reactivo: ¿No a la fornicación? Manda huevos con la Iglesia) Evidentemente y retomo la explicación, los actos sentimentales que acompañan mi vida influyen en el día a día, pero ese día a día no tiene que verse influido en nada mas. Así que si quieres algo conmigo, no hagas caso a lo que escribo. ¡Estoy loco! ¡Y se me va la cabeza sobre todo cuando escribo! No os toméis en serio todo lo que cuento porque entonces eso si que me volverá a mi loco.

Punto 1 y Punto 2, ¿no había mas Madonna Lilly? Pues sinceramente no me acuerdo, porque después de decir lo de “no lo leas si te vas a enfadar” y “no lo leas si no vas a querer follar”, pues llegó la carta de postres y con ella la dura decisión de elegir que clase de helados queríamos tomar. ¡Y fué muy difícil la decisión eh!

Pues lo dicho. A vivir que son dos días. Buen fin de semana.

 

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