El Renglón Torcido

 

Efectivamente, lo sufro en silencio. Un sufrimiento conocido, que estremece cada centímetro de mi cuerpo, de mi piel, de mis manos… Hasta sufre mi alma. Pensé que nunca volvería a sentirlo, pensé que me acostumbraría a ello y al volver a tenerlo frente a frente, el dolor fuera menos intenso. Pensamientos estúpidos evidentemente, porque con la frente, y de frente, me golpea en la cara.

¡Y que pedazo del golpe! ¡Me duele hasta el corazón!

No puede ser. Me niego a pasar por ésto otra vez. Pero mi inconstancia, mi falta de seguridad, mi dejadez,… Esos pequeños defectillos que me gusta tanto hablar de ellos, en lugar de mirar mis virtudes… Esos hacen que periódicamente tenga que volver a poner en marcha mis nociceptores (receptores del dolor para los no entendidos) y que transmitan señales de nuevo a mi cerebro.

Quizá deberia haberlo puesto en mis propósitos de año nuevo. Propósito número 5, por ejemplo (tras libertad, belleza, verdad y amor): no volveré a tropezar con la misma piedra por nosecuantáva vez. Pero es que el camino de baldosas amarillas a veces es tan disimulado, que un día sin querer dejas de prestar atención al suelo porque te parecen que todas las baldosas están en su sitio. Al día siguiente te dedicas a mirar los árboles que hay a ambos lados del camino, que te parece que cada día están mas hermosos. Al tercer día en lugar de mirar los árboles, lo que haces es mirar a todo bicho viviente, a poder ser del género masculino, que camina por sus caminos de baldosas amarillas… Y entonces es cuando te preguntas, ¿y ellos también iran a la ciudad esmeralda? ¿Y si van a otra ciudad, podré ir yo con ellos? ¿Y si alguno de ellos quiere venir a mi ciudad esmeralda? ¿Y a ese, que bien le queda la camiseta, no? Y…

Y ya me he ido del tema… Si es que uno empieza, y se le va. ¿Que iba yo diciendo? Ah si… Que tropiezo y tropiezo, y vuelvo a tropezar. Y eso duele, ¡que si duele! (Ni un carta, ni un mensaje, nada: ésto para mis individuos de Praga, jejejeje)

Hoy estoy que no me centro y me voy por las ramas. Que sí, que he tropezado. He tropezado de nuevo con la dejadez de empezar a hacer ejercicio y dejarlo por millonésima vez.

¡Quién cojones dijo que hacer deporte es sano!

¡Duele! ¡Y mucho!

Y sí, lo sufro en silencio, porque lo mandaría todo a la mierda. Y cada vez que empiezo a volver a tratar de cuidarme, sufro dolores en músculos de los cuáles vivo mas feliz en ausencia de su existencia. Sufro porque me ahogo, porque todo el mundo dice que “a que te encuentras mejor después de hacer deporte”, porque, porque, porque…

Y mas porques, porque la culpa es mía. No soy capaz de ser constante para evitar la aparición de los dolores de la muerte. Porque cuando mi cuerpecillo chiquitillo empieza a acostumbrarse al ejercicio y a los dolores habituales que después ya son como de la familia, comienza a entrarme la vagueza y dejo de hacerlo. Con lo que lo ganado, se esfuma en cuestión de una semana. (Sí, los que os aún estéis pensando en que los dolores no pueden ser como de la familia, yo os digo que sí. Yo tengo cuatro, Dolor de brazo, el mayor, Dolor de cuello, el segundo, Dolor de cadera, el tercero, y Dolor de piernas el cuarto. Mira si son familia que me hacen descuento en el bonobús por familia numerosa).

Madre como estoy hoy. A lo que iba, que cuando me he acostumbrado al ejercicio, de repente lo dejo. Y después de dejarlo un tiempo, me entran remordimientos de conciencia. Y tras esos remordimientos, comienzo de nuevo a plantearme que tengo que hacer ejercicio. Pero en éste punto ya es tarde, y no  hay marcha atrás. Entonces comienzo sabiendo que mi familia de dolores vendrá de nuevo con un pan debajo del brazo, sólo para darme de leches con ella hasta que me duela todo.

¿Y mi pregunta es: conseguiré ésta vez no dejar de hacer deporte y así aprender a vivir con ellos? ¿O volveré a ser vago y dejarlo de nuevo? ¿Alguien hace apuestas?

Anuncios