El Renglón Torcido

 

Conozco el amor. Desde hace tiempo. Hemos compartido muchas tardes juntos. Con sus alegrías y sus penas, pero con el señor amor siempre al lado. Y me he dado cuenta de que hemos crecido juntos, evolucionado, avanzado… Hemos vivido diferentes etapas. Hemos vivido en diferentes etapas. Distintas épocas, distintas edades. Hoy cuando estando en el trabajo he encontrado una carpeta, transparente, vacía, me he dado cuenta de que hay llegado el momento de empaquetar y cerrar la famosa caja que hace tiempo dejé a medio cerrar. Y la carpeta se ha venido conmigo a casa. Lo malo es que por el camino, uno tiene familia en el bloque, y me la he dejado en casa de mi tía. Pero a lo que vamos, que la he encontrado  y pronto servirá para guardar, de nuevo, grandes y bonitos recuerdos.

Y esa carpeta formará parte de esa pequeña biblioteca de momentos compartidos con ese, mi señor amor que tantas y tantas bonitas horas me ha hecho vivir. Porque al señor amor lo conozco desde hace ahora diez años. Cuando por primera vez me enamoré: detrás de la barra de un bar, una sonrisa y unas chapas de cerveza. Las horas, y el tiempo hicieron el resto. Un primer amor que me enseño lo que se tenía que sentir. Ese primer amor que siempre se recuerda con ternura, con alegría y ahora con la distancia de los años, con el sentimiento de la inocencia que se sentía en aquel entonces. Fue una noche de jueves, con Erkuden y ¿Juanfer? (no lo recuerdo), en el bar Urano de Zaragoza. El señor amor 1, camarero de profesión y el menda lerenda, estudiante de oficio. Sonrisas, lanzamientos de chapas de cerveza desde la barra hacia mi, y al final un número de teléfono escrito en un papel con una primera cita al dia siguiente en los cañones del corte ingles del paseo las Damas. A partir de ahí comenzó algo que no duró demasiado. Lo justo para que terminara en mitad de examenes de febrero, con la consiguiente catastrofe en los resultados de los examenes. Posteriormente hubo una reconciliación, que me llevó justamente hasta los examenes de junio, donde volvió a terminar, y ésta vez para siempre. El fin del primer amor me trajo horas y horas de lágrimas durante una noche bajo la canción de Rosana “Si tu no estás aqui”. Pero además me trajo amistades que a día de hoy comparten el tiempo conmigo. ¿Que aprendí de mi primer encuentro con el amor? Que cuando hay examenes es mejor no hablar con tu novio no vaya a ser que quiera dejarte… No, en serio. Aprender, no se, me dejé llevar por la primera vez en todo. Disfruté, reí, lloré. El final de la inocencia, y el comienzo de mi nueva vida entre hombres. Don Luis, gracias por aquellos momentos. Pocos recuerdos tengo guardados en la carpeta, mas bien ninguno. Quizá alguna foto escondida en algún libro, poco mas. Muchas mudanzas hubo de por medio, y pocas cosas llegaron hasta éstos días. Pero el recuerdo y la amistad siguen tan cerca que éste sábado se volveran a juntar.

Un segundo encuentro con el amor, me hizo aprender que las relaciones son cosas de dos. Que hay que aprender a confiar en el otro, y que cuando desconfías de algo al final va y tienes razón. Sinceramente pienso, y lo digo hoy aunque creo que la persona en cuestión lo sabe, creo que en mi segundo encuentro con el amor no se me trató de la manera correcta. No fue suficientemente justo conmigo. Plaza del Castillo, San Fermín, cienes y cienes de personas bailan en medio de la plaza cuando dos miradas se cruzan en la distancia. Se miran, se ven, se saben. Y de repente esa mirada se pierde en la distancia. Desaparece en una multitud roja y blanca. Y no se ve mas. Yo me lancé en su busqueda, ¿por qué? No lo se, pero fui detrás de aquellos ojos. Después de un tiempo de buscar y no encontrar, de repente encontré a una amiga de aquella mirada. Le paré, y le pregunté sin conocernos: “Oye, perdona, ¿tu amigo?” y ella me contestó “Sí, es gay.” Y tras éstas palabras apareció de entre la multitud y fué el comienzo de una historia de amor qur duró un año. Una historia de amor en la distancia, separados por cuatro horas de viaje. León – Pamplona – Zaragoza. Kilómetros y kilómetros. Y una nueva manera de entender el amor, con mas edad, con mas intereses, con mas necesidades, pero con problemas que al final hacen que la distancia que nos separaba fuera mas grande que el amor que nos unía. ¿Que aprendí? Que me encanta León y que tengo que volver. Que las cosas es mejor hablarlas claramente sin dejar lugar a malentendidos. Y que se puede estar enamorado en la distancia, tanto como en la cercanía. Don Leo, gracias por formar parte de la escuela de la vida. ¿Que hay en su carpeta? Fotos que aparecen, películas que lo recuerdan, anécdotas vividas. Un año juntos y muchos recuerdos.

El tercer encuentro con el amor, el mas duradero, el mas tormentoso. El mas instructivo y el que mas gente  conocío. Una tarde de compras, un H&M, unas camisetas que me gustaban puestas en el cuerpo de un dependiente. Ahí empezó todo. Miren e Irati fueron testigos del momento, del inico. Yo no me atreví a decir nada, solo a comprar dos camisetas y a que me atendiera él, nada mas. Al salir de la tienda hablamos los tres de lo guapo que era el dependiente, y les dije que si querían pedirle el teléfono por mi, que yo no me atrevía. Y allá fueron ellas. Pidieron su número y me lo trajeron fuera de la tienda. Conseguido, tenía el número. Y yo, tonto de mí, y por intercambiar aunque fueran dos palabras con él, me inventé la tontería de que había un número que no entendía en el papel que me entregó. “¿Éste número es un 9 ó un 4?” Esa fué la primera conversación que tuve con el nuevo episodio del amor. Aquella misma noche quedamos, dando la casualidad de que viviá al lado mia en Zaragoza. Al salir de trabajar, quedamos en un banco, en la plaza frente a la iglesia de San Antonio. Nos juntamos, era una noche fria de invierno. Comenzamos a hablar. Tonterias como siempre en la primera cita… Y a partir de ahí, volvió a surgir el amor, y ésta vez para tres años. Una historia de amor muy bonita, mucho. Pero tambien muy triste, por las continuas idas y venidas. Ahora estamos ahora no, hoy sí, mañana ¿quien sabe? Quizá sea de la que mas he aprendido, y no mientras la viví sino a posteriori. Porque no se puede tratar a la gente como lo hice yo. Porque nadie es quien para volver loco a nadie. Porque quizá con el tiempo me he dado cuenta de que lo que yo hice pasar a ésta persona yo no lo hubiera aguantado ni de coña. Relación tormentosa, enamorados hasta la médula, pero ni contigo ni sin tí. Aprendí a que las segundas partes pocas veces salen bien. Y mucho menos las terceras, cuartas, quintas, etc. De ésta relación guardo muchos recuerdos, escritos, manuscritos en libretras, libros. Fotos, recortes, dibujos, incluso camisetas. Todo guardado en su caja correspondiente. Don Diego, gracias por todo el tiempo que estuvimos juntos, y por supuesto, perdón por los malos momentos. La mas tormentosa y difícil de olvidar, aunque a día de hoy es cuando podemos sentarnos en una misma mesa y tomar una copa sin tensión. El tiempo pone todo en su sitio…

El amor ha dejado tres huellas… Tres que he contado hasta ahora… ¿La cuarta?

La cuarta es dura de contar porque aún escribo de ella de vez en cuando. Un amigo en común, conocidos de vista, un saludo en un bar un sanfermin txikito, y un comienzo hace justo ahora casi un año. Un beso en un bar, en la celebración de mi cumpleaños. Dentro de 16 días vuelvo a cumplir, no ha pasado ni un año y ya terminada. Buff… Dos personas, confundidas… El amigo de Óscar, el veterinario por un lado… Y el desconocido del barbacoa y del nicolette por el otro, que al final resulta que son la misma persona. A partir de ahí, una primera cita interrumpida por el teléfono rojo, que dió lugar a una segunda cita. Tendría que haber terminado ahí. Aunque como yo era el de Burlada, “como muy lejos, me quiero echar un novio de Burlada”, pues tuve que llegar yo para quedarme. Y a partir de entonces, casi once meses de amor y una canción inacabada. Meses, sí, nada mas. Pero los mas intensos que he vivido en mi vida. Tratando de no cometer errores hechos en el pasado, tratando de caminar dia a día sin causar daño, entregando todo sin esperar nada. Queriéndo como se, como he ido aprendiendo todos ésto años. Pero todo llega a su fín, y del fín de ésta última ya he hablado bastante. Los puntos rojos estallararon en mil pedazos, y la cuarta visita del amor a mi vida terminó dejando paso a mi singularidad. Don César, señor pintor, gracias por pintar mi vida de colores hasta ahora desconocidos para mi.

Hoy he traido una caja para cerrarla. Para cerrar el último capítulo. Por lo menos lo intentaré, quizá si están todos recogidos sea mas fácil no tropezar con ellos. De mi última visita del amor he aprendido que hay que ser valiente cuando realmente nos interesa lo que tenemos al lado. Que no tenemos que intentar cambiar a quien tenemos al lado sino vivir  juntos, respetando y siendo dos lineas paralelas que llevan el mismo camino. He aprendido a querer como no lo había hecho hasta entonces. Pero tambien he aprendido que cuando mas bonito y perfecto parece todo, mira al suelo no vaya a estar desapareciendo sin darte cuenta.

En su caja no cabe todo lo que tendría que guardar. Demasiados recuerdos, demasiadas notas, demasiado todo como para ser guardado. No hace ni dos meses que terminó. Aún no se ni como encajarlo todo para que no me encuentre puntos rojos por el camino. Pero como siempre ha sido, en unos casos mas, en otros menos: tiempo al tiempo.

 A ver si la próxima vez cupido tiene un poco mas de punteria…

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