Tu vida sin mi

El Renglón Torcido

 

“Busco las miradas de antes mi vida, tu sonrisa tu amor tu alegría.

Todo aquello que nos junto a los dos.

Dime, no te encuentro en mis sueños de noche. Te quiero encontrar.

¿Donde estas mi vida? Yo quiero estar contigo.

¿Donde vas? Me daña tu verdad.

Recuerda que yo fuí la que nunca que te falló. Que me cuesta ver tu vida en la mia, que transformas la verdades en mentiras sin mas.

Mentiras sin mas.

Solo, ahora busco encontrarme de nuevo. Ya lo noto yo puedo con ésto. Ya comprendo toda tu falsedad. Cariño, siento que mundo se derrumba…

Y el mio brillará.

Donde estés ya no lo quiero saber, mi vida. Donde éstes espero te vaya bien. Y donde estés verás que siempre me pensarás. POrque un mundo tan hermoso está en mi vida.

Porque yo no siento pena ya en mi vida, sin tí.

Mi vida sin ti.

Donde estés ya no lo quiero saber. Donde estés, que todo te vaya bien. Y donde estés verás, mi nombre aparecerá. Porque yo no te recuerdo ya mi vida…

Por que ahora lo que siento es mucha pena en tu vida, sin mi.

Tu vida sin mi.

Tu vida sin mi…”

 

 

Diecisiete dias, y un resumen. Un resumen a través de una canción. Hoy leyendo lo que escribí hace casi un año, cuando cumplí 30, no he podido dejar de pensar en cuanto pueden cambiar las cosas de un año para otro. O mas aún, en como en el transcurso del año que he vivido he podido estar montado en una montaña rusa que me ha llevado al día de hoy como estoy.

Donde estés, verás, mi nombre aparecera. Buena forma de definir gran parte de éste año. No haré balance de momento, aún tengo muchas cosas que vivir con treinta como para resumirlas hoy. Pero de momento Chenoa me ayuda a poner melodía a una parte de él.

Últimamente no ando demasiado inspirado, por eso no escribo mucho. Tan solo de vez en cuando con mi iphone justo antes de dormir, aparece alguna idea que merece ser escrita. De ahí surgen los poemas de medianoche. Pero por lo demás, no hay ganas.

Porque cuando me siento delante del ordenador a estas horas, son las horas en las que estoy solo en casa.

Porque cuando me siento delante del ordenador en mi casa a estas horas, son las horas en las que no deberia estar solo en casa.

Porque cuando me siento delante de mi ordenador, solo, surgen pensamientos que no deberían salir.

Por eso últimamente no me siento.

Y no lo hago porque no quiero volver a escribir de lo mismo.

Y sin embargo aparecen. Y después de varios dias rondando en la cabeza, creo que lo mejor es sacarlos para que dejen de atormentar.

Añoro tiempos pasados. Por supuesto. ¿Quién no lo haría? Pero no retrocedería en el tiempo. Viviría lo que he vivido el tiempo que lo he hecho, pero no lo alargaría mas. Posiblemente si pudiera echar marcha atrás, cambiaría cosas para intentar que el futuro fuera de otra manera. Aunque la cuestión es que yo siempre he creído en el destino. Y si las cosas suceden, es porque tenía que ser de esa manera y no de otra. Toda historia tiene un principio y un fín. Unas terminan después de muchísimos años, siendo ancianos… Otras terminan pronto, casi sin empezar. Sin tiempo a nada. Pero cuando terminan es porque así tiene que ser.

El tiempo borra los recuerdos. De una manera muy lenta pero los hace desaparecer. Lo primero que desaparece es el tacto de su piel. Después desaparece su olor… Sus gestos… Y después, después… Después comienza la difícil tarea para el tiempo de hacer desaparecer la mirada, su forma de hablar, su forma de andar. Su forma de domir…

Que contrariedades tiene nuestra cabeza. Que difícil es pensar en singular cuando lo has hecho en plural. Y a pesar de que los días siguen y siguen pasando, hay determinados momentos en el día que el plural vuelve a salir a la luz. Cuando algo te recuerda los tiempos vividos, cuando ves algo que compartiste.

Afortunadamente, el tiempo del plural cada día ocupa menos espacio, cediéndoselo al singular. Afortunadamente cada día es un paso adelante, nunca hacia atrás. Aunque es inevitable en algún punto del camino, el pararse, y mirar hacia atrás. Solo mirar, nada mas. Mirar, recordar, bajar la mirada, respirar. Mirar de nuevo al frente y volver a caminar.

Caminar solo.

 

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