Estoy yo

 

Yellow brick road

Y me lo encontré. Sin darme cuenta, en mitad del camino. Ese de baldosas amarillas que tantas veces he recorrido a lo largo de renglones torcidos. El que tantas alegrías me ha dado y en el que tantos tropezones he encontrado. La vida misma fluye  a lo largo de un camino del color mas alegre, el amarillo.

Allí estaba, en mitad del mismo. Claro, no, clarisimo. Pero esa claridad era evidente, justo, después de haber tropezado con él. Mientras que antes, al caminar, ni se vislumbraba en el horizonte. Quizá era advertido por ciertas inestabilidades en alguna baldosa, pero como las siguientes eran firmes y seguras, desaparecía la evidencia.

Hasta que “pataplúm”, al suelo. Y en ese momento, con el suelo bajo tu cuerpo, sintiéndolo dolorido, te preguntas, ¿que hizo que acabara en éste suelo del que tanto me gusta hablar? Entonces lo ves, un enorme agujero tras de ti. Alguien olvido mirar bien las baldosas antes de seguir dando pasos al frente. Si las cosas estaban inestables, ¿porque continuar sin preocupación? ¿No hubiera sido mejor cerciorarse antes de seguir dando pasos?

Pues evidentemente sí, pero muchas veces andamos por el camino de la vida tan atolondradamente que se nos olvida mirar por donde lo hacemos. Y podemos estar de repente metidos en una ciénaga con el barro hasta el cuello o por el contrario en un desierto sin un oasis cerca, sin haber notado ni la mínima humedad en el cuerpo o la mínima sed en la garganta.

Afortunadamente, la vida de vez en cuando nos ayuda a continuar. Aparecen duendecillos que pintan de colores el paisaje. “Colorín Colorado”. Ese duendecillo con su pincel mágico rellena el agujero con dulzura, con afecto, con rojos y con sabios consejos. Hace que abras los ojos y te des cuenta cómo pudiste llegar a caer sin haber visto siquiera el vacío bajo los pies. Y te agarra de la mano, firmemente, porque no te quiere soltar. Y yo me agarro, porque no le quiero soltar.

Y los pies vuelven a pisar baldosas. Primero uno, luego el otro. Y agarrado, vuelvo a levantar. Cuando miro atrás, donde hubiera un abismo, ahora hay… Hay colores, momentos, ausencias  y afectos. Amigos, individuos, garbancitos y principitos. Hay “hasta mañanas”, “te echo de menos” y ” nos vemos mañana”. Hay golondrinas, pajaritos y pececitos. Incluso hay pitufos.

Y sobre todo, hay renglones, que vuelve a fluir entre mis dedos, desde mi corazón. Estoy yo, con mi ordenador, mis cosas, mi pared y mi suelo amarillo bajo los pies descalzos de ésta tarde de verano. Estoy yo, con mis mariposas revoloteando de nuevo en mi estómago y con una nube de puntos rojos sobre mi cabeza.

Estoy yo

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4 comentarios sobre “Estoy yo

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