Hay días que casi es mejor no levantarse de la cama. De esos que ya pensaba superados que de repente vuelven y te recuerdan que estarán aquí para mucho tiempo. El síndrome de la mujer de rojo parecía desaparecido, pero no. Regresa y regresa.

Éste viernes vuelve a mi el teléfono rojo, y se nota en exceso. Y hace que cada día de la semana sea más duro de lo habitual. Circunstancias que confluyen en un mismo punto; cada paso que das en el día parece que tropieza con el anterior… En definitiva, esa mala leche que de vez en cuando me sale sin querer, pero que si te paras a analizarla punto por punto todo tiene su lógica. Sólo hay que prenguntar para averiguar el por qué de cada situación.

Si a todo ésto le añadimos que no duermo del todo bien debido a múltiples sueños variados que llegan a perturbar mi descanso, pues apaga y vamonos. Hoy he vuelto a soñar por no se cuánta vez  con mis examenes de la facultad. De esos que llegas a la clase y te das cuenta que no has estudiado nada del temario. Hoy por ejemplo no es que no hubiera estudiado nada, si no que ni siquiera había ido a clase en todo el año. Es más, no sabía ni cual era mi clase donde tenía que hacer el examen. Así que ya ves tú los nervios. Eso si, la clase estaba a la última. Muchas pantallas por todos los lados, proyectores estupendos y unas sillas comodisimas. Que yo recuerde, las clases no eran así en mis tiempos. Que esas si que las pisaba.

En fín, un día para meterse en la cama y olvidar. Aunque los que esperan los días posteriores no creo que vayan a ser mucho mejores. Paciencia y a seguir, que el síndrome pasará.

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