Mi gran cena búlgara

 

Cris, cras, esquemicas rotos. Hay veces que de repente apareces en un lugar sin saber muy bien como, y pasa eso, te rompen los esquemas. Y la mayoria de las veces pasa casi sin darte cuenta y de la manera mas inesperada.

Un tranquila noche de sábado, sin ningún plan en la cabeza mas que estar con los amigos, con mi señor pintor y sin nada mas planeado mas allá de un rato de diversión. Unas cañas por aquí, unas risas por allá, y cuando todos estábamos ya juntos, pues a decidir donde cenamos. Hasta aquí todo bien. Si Pamplona tiene fama de algo, una de esas cosas es la comida, así que puestos a elegir, podemos elegir entre multitud de sitios para ir a llenar nuestras pancitas. Y ahí es donde llegó el momento de fiarnos de un amigüito salao que nos propuso ir a un sitio de platos combinados y así que tenía buena pinta, cerca de su casa.

Y allí que fuimos. Al principio entras en un restaurante nuevo, en el cuál no te fijas en detalles que posteriormente llamaran tu atención. Lo que quieres es qeu te hagan un hueco, porque el estómago empieza a moverse a ritmo de “tenemos hambre, hambre, tenemos hambre, hambre”. Y una vez que te hacen un hueco sacando sillas de otras mesas y apoyando el culillo en unos bancos de madera un poco incómodos, pues nos disponemos a tomar algo antes de cenar. Y en ese momento es cuando comienza la observación. Uy,  los camareros no son de la península ninguno, fijo. Uy, los de la mesa de al lado, esos que son casi como 30 personas, creo que tampoco ninguno es ni pamplones, ni foral, ni peninsular siquiera. Uy, los de las mesas del otro lado, va a ser que tampoco. Uy, los videoclips que echan en la tele me parece a mi que tampoco son muy de la zona, ¡si ni siquiera entiendo las letras que salen anunciando el cantante!

Entonces comienzan las apuestas. ¿De donde son? Como acababan de echar en la televisión “Mi gran boda griega”, pues yo tiré por los griegos. De ahí, la especulación. Rumania, Rusia, Grecia… Pues no, Bulgaria. Una noche entre búlgaros. Interesante. Sobretodo cuando a las doce de la noche, apagaron todas las luces tipo discoteca y una cuadrilla de chicas rubias de la mesa de al lado, la de 30, se levantaron y comenzaron una danza “regional” que duró aproximadamente una media hora, sin cambios de ritmo, ni variaciones en la coreografía. Bueno, excepto el estílo libre que llevaba la muchacha última de la fila con su rosa en la mano. Ella iba innovando.

Por lo demás, comida rica, aunque con algún desfase a la hora de sacar los platos. El precio, asequible para los tiempos de crisis que nos acompañan. El ambiente, extraño, pero una vez que entras en el ambiente, hasta te lo pasas bien. Y el bailecito, ya nos lo hemos aprendido…

Una noche diferente. Una gran cena búlgara.

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