¿Actuámos igual cuando estámos sólos a cuando estamos acompañados? De entrada la pregunta tiene y una fácil respuesta y evidentemente sería un no. No es lo mismo lo que hacemos cuando sabemos que nadie nos mira, a nuestro modo de actuar cuando hay unos ojos que nos miran.

Pero yo voy más allá. Hace poco hablé de silencios que ya no son sólo mis silencios. Y ahora ampliaré mis escrituras entre líneas para ir mas allá. Cuando uno está en su casa, sin nadie a su alrededor, es libre de hacer, deshacer, dejar, coger, ensuciar, limpiar o no limpiar… En definitiva. Está en su casa y hace lo que le viene en gana, que para eso es su casa y no hay nadie más para decir que tiene que hacer o que no. Pero la cuestión, y de ahí la pregunta del principio, es qué pasa cuando de repente, esas cosas que antes hacías son supervisadas por alguien que tú mismo decídes que supervise.

Pues lo que pasa es que lo que a priori, parece naturalidad, a posteriori no lo es tanto. Y me explico. Por ejemplo, todos estámos acostumbrados a hacer la cena de una determinada manera. Seguimos un protocólo que llevamos en nuestra mente aunque no nos demos cuenta del mismo. Y ese protocólo es perfectamente válido hasta que deja de serlo. Y el momento en el que deja de serlo es justo cuando el silencio empieza a ser compartido. Y los pasos que antes nos parecían adecuados y pefectamente estipulados, se rompen… Cris cras, los esquemicas rotos

Y se el por qué. Claro está que hablo en primera persona y es mi opinión personal del tema, del que podéis estar de acuerdo, o por supuesto, no. Pero sigo adelante. Cuando de repente alguien se introduce en tu vida, alguien que te importa, alguien que quieres que se quede… Cuando ese alguien mira a tu lado como haces las cosas… Justo en ese momento entra el pudor de mi intimidad. ¿Haré las cosas bien o pensaré que soy un auténtico desastre? En éste caso he puesto el ejemplo de una cena, pero se traslada la pregunta a cualquier otro ámbito.

¿Pensará que soy un desastre? Y la cuestión es que tiene que descubrir las cosas tal cual son. Si soy un desastre en la cocina, pues lo seré. No hay que disimular las cosas por miedo a lo que pueda pensar, porque si alguien decide que quiere compartir silencios contigo es porque quiere compartirlos, independientemente de si mancho mucho la encimera de aceite o aliño mal la ensalada.

Y todo ésto, sin que la otra persona haya abierto la boca en éste sentido. Todo ésto lo ha maquinado mi cabecita solito. Todo por no valorar lo que uno puede o no llegar a hacer independientemente de ser observado o no por alguien que si está a tu lado es porque quiere estar.

Así que conclusión: pensar menos y querer mas.

” Y es que a veces no puedo evitar que se escapen volando…

Mis mil mariposas que sueñan contigo a diario…”

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