Siempre me ha dado vergüenza entrar a un bar solo, incluso para tomarme un café. Pero de vez en cuando, las circunstancias hacen que no te quede mas remedio que, o entras sólo, o te mueres del frío dando vueltas por la calle. Hoy por una serie de casualidades, he tenido un poco de tiempo libre sin saber en que emplear. Y tenía dos opciones, o estar paseando por mi ciudad cerca de dos horas recorriendome sus calles, que en principio parece un buen plan. O opción dos, sentarme en un sitio tranquilito, tomarme algo calentito, y pasar el tiempo que me restaba relajadamente, leyendo, por ejemplo, la prensa.

Al final, y después de pasear un ratillo, he pasado por la puerta de un bar al que suelo ir por las noches solamente. No había nadie, excepto el camarero. Y como el frío ya me tenía caladito hasta los huesos, he entrado al bar por que sí. Supongo que el hecho de ir perdiendo vergüenzas son cosas que pasan con la edad. Pero la cuestión ya no es sólo que he decidido a entrar sin más, sino que nada mas entrar me pongo a hablar con el camarero… Ante todo hay que ser educado, eso por supuesto. Lo cierto es que después de ver al camamero durante, no se, muchos sábados durante ocho años de mi vida, pues al final te crea una especie de confianza que hace que al verlo te de pié a hablar.

Mi sorpresa, no había café. Mi consuelo, una cerveza en un día de fiesta no está del todo mal. Y lo mejor, una charla distendida con un buen chaval, que de repente me ha sorprendido diciéndome que había leído mi blog. Ya ves tu las vueltas que da la vida. 

Después de eso, intercambio de links, opiniones, otra cerveza y algunos datos sobre nosotros. Y después de eso, llegó la hora de marcharme porque el tiempo que quería rellenar ya había pasado.

Me gusta conocer gente nueva y mas cuando tienen algo interesante que decir. Los enlaces que me ha proporcionado para investigar cosas, ya están guardados en mis favoritos. Y la experiencia de pasar un rato acompañado, junto con una buena conversación hace que el día se termine redondo. 

Por si lo lees, gracias por ésta hora de  no soledad…

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