Regreso a mi lugar, del que nunca me he ido y siempre he tenido en la cabeza. Pero no he encontrado el momento de sentarme en todo éste tiempo para narrar la abalancha de cosas que han pasado desde la última vez que pasé por aqui. Primero debí hacer una crónica de mi viaje de nuevo a 2400. Después tuve una idea que se ha quedado a medias, y que va desde…

“El cariño con el que me abrazaste cuando me viste por primera vez”

“Me alegré al verte”

”Pero ésta mañana me he partido de risa recordándote por la mañana con las babuchas de flores recién levantado”

” El reencuentro en el muelle, con muy buen rollo enseguida. El final de la subida al Teide que nos quedamos solos tu y yo, y estabamos reventadicos. Y la noche de chistes.”

“Transmites mucho cariño, me siento muy a gusto contigo, el poco tiempo que nos conocemos como si fuera toda la vida. Me hizo mucha gracia verte con ropa de trabajo y haciendo repostería. Tienes una sonrisa y una mirada muy cálida.”

“Me gustó verte en persona y ver que eres mas guapo que en las fotos. Y sobre todo, que ya sé situar Pamplona en el mapa.”

“Yo me acuerdo del helado que me estampé en la cara, tenía ganas de comermelo.”

“Risas, risas y mas risas. Como me gustó verte reir con mis chistes.”

“Las miradas cruzadas en la cubierta del barco mientras volvíamos a la isla.”

“La tranquilidad de Roque Nublo.”

Hasta…

“Mejor tú que eres quién vino a vivir la experiencia.”

 

Se me ocurrió preguntar a todas y cada una de las personas que conocí en mi viaje que me dijeran en unas líneas que recuerdo tenían del tiempo que pasamos juntos. Y esos son algunos fragmentos de las contestaciones recibidas. No están todas íntegras, pero si se representan. Pero ésta idea tampoco me dió el valor de sentarme delante del ordenador a escribir, aunque hoy quede plasmada.

Viajé de nuevo recorriendo una distancia ya conocida. Y de ahí surqué los mares para conocer a una gente maravillosa en la isla de la cima de España. Me hicieron reír, disfrutar de mi cumpleaños, sorprenderme con casi sin respiración a 3718 m. sobre el nivel del mar para ver una de las vistas mas maravillosas que puedas imaginar. Os conocí y no os olvidaré nunca. A ninguno de vosotros, os llevo en el corazón y en mi recuerdo.

Me abristeis un hueco en vuestro tiempo, para compartir mi aventura, y por eso gracias a todos.

Pero las cosas no siempre son bonitas, y a veces llegan nubarrones que tapan las maravillosas vistas. No voy a explicar mas mi viaje. Porque con ésta entrada paso página para volver a escribir. No lo hacía por el acúmulo de cosas que tenía que contar y no sabía como, asi que hoy diré que no las contaré tal cual sucedieron, si no que los renglones darán paso a nuevas historias desde hoy sin anclarme en el pasado.

La vida está llena de sorpresas y nunca sabes cuando te vas a llevar una. Yo doy las gracias a todos los que hicieron que sonriera en estos últimos 26 días, que fué cuando escribí la última vez. Gracias a los que compartieron conmigo una mirada sincera, una conversación, una caricia o unas palabras de ánimo. Siempre es dificil levantarse después de una caída, y mas cuando el tropiezo es en el mismo sitio en el que ya tropezaste antes. En ese caso no es sólo el dolor lo que hace que no quieras seguir caminando, sino que se une el orgullo y la rabia por saber que volvíste a caer en el mismo sitio.

Pero es más fácil analizarlo una vez en frío. Sólo hay que levantar la mirada, ver el camino, y echar a andar. Sin orgullo, ni rabias. El dolor con el tiempo se va disipando. Y caminamos…

Me he ilusionado, he querido. He volado. He navegado. He caminado. He ascendido para después bajar. He besado. He flirteado. He bebido. He… Me he despedido, he vivido. No he llorado. He discutido, me he callado. He hablado y dialogado. No me han entendido. Y me he vuelto a callar. He reido, he soñado. Me han “Knockeado”. Y me he callado para no volver a hablar. Nunca mas.

Suelen decir que no hay que decir nunca… Pero ahora es lo que pienso y lo que siento. Desde aquel ESTOY EXPUESTO muchas cosas han cambiado. La mayoría para mal, alguna otra para bien. Sigo expuesto, pero ahora abrigado porque hace frío y no quiero que se me enfríe el corazón.

Pero ya no diré mas, por miedo a exponerme mas de lo que ya me he expuesto. Vuelvo, por supuesto que vuelvo. Vuelvo con mis historias de siempre. Mis rutinas, mis guaridas, mis orkos. Mis individuos, por supuesto, que haría sin ellos… Que grande es lo que uno tiene a su lado, y que poco lo aprecia en la vida diaria. Y cuanto se echa de menos con el cielo se encapota y se ollen los truenos a los lejos anunciando tormenta.

Estoy en mi hogar, en Pamplona. Con “Los Renglones Torcidos de Dios” en la mesilla de noche, como señalando el nuevo inicio, o anunciando que pasamos página para volver a escribir una nueva. Una nueva que comienza hoy, domingo de resaca.

Domingo de resaca, de indiviuos y de una tarde con Belén Rueda y sus ojos de Julia. Un domingo en el que despedí a Mr. LP y D. George rumbo a su casa, y que compartieron un fin de semana con mi gente. Un día en el que volví a decir “no bebo nunca más” consciente de que volveré a hacerlo. Con gente nueva en el entorno. Con niebla por el Portal de Francia, nieve en los montes, frío en los huesos y ColaCaos con whisky .Y con mi gente de siempre alrededor. Los que no se van nunca ni se irán. Los que quiero con locura aunque no se lo diga todos los días. Mas bien nunca.

Y a los que se fueron, el destino ya dirá. Punto y a parte.

El Renglón Torcido vuelve, sin kilómetros de distancia, con las pilas cargadas y con ganas de contar sus días normales. 

Y un día después de la tormenta, cuando menos piensas sale el sol… “

Pues sí, salío el sol después de las 2400 tormentas vividas. Y hoy el sol brilla con mas fuerza que nunca. Y aqui lo contaré.

Vuelvo…

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