Ésta noche no tengo los ojos llorosos por mi resfriado incipiente, ni por una disputa, ni por haberme reído durante mucho tiempo. Están así porque desde hace unos 20 minutos, no han dejado de caer lágrimas desde ellos. Y todo por una razón contundente. He visto PHILADELPHIA. Después de años evitándola, desde hace un tiempo para acá tenía la suficiente curiosidad y ganas de verla, que podían a mis miedos hipocondríacos. Y es que no me gusta ver películas en las que alguien enferma porque luego siempre me ecuentro en mi mismo alguno de los síntomas descritos en lo que veo.

Pero en mi afán de superar pequeñas batallas conmigo mismo, he decidido coger el toro por los cuernos y verla. Y el resultado es un picor espantoso en los ojos, una congestión enorme en mi nariz, y unas ganas de llorar al pensar en lo que acabo de ver…

Mientras veía la película, pensaba en todas las veces que he discutido con gente que quiero. Pensaba… En los amigos que están lejos y que veo menos de lo que me gustaría… En los amigos que a veces hace que me hierva la sangre… En mi familia a la que a veces no trato como se debiera porque me cuesta mostrar los sentimientos que a veces se me da tan bien plasmar aqui… En mis sobrinos, que aún tengo grabado en mi cabeza sus risas y carcajadas mientras hoy a mediodía jugabamos a las guerras y no me dejaban ir a trabajar… En las estrellas que nos protegen desde el cielo, y en especial una de ellas que se fué demasiado pronto y casi sin despedirse, con una mirada de un niño de diez años.

En fin… La vida es dura, y por suerte, creo que todos podemos agradecer lo que tenemos. A pesar de nuestras penas, nuestras peleas, nuestras deudas, sombras y tristezas. A pesar de los que se fueron y ya no la comparten con nosotros. La vida es ésto que hacemos todos juntos, cuando hablamos, cuando reímos, o tan solo cuando nos miramos. O simplemente cuando a través de una línea de teléfono nos decimos Te echo de menos o Tengo ganas de verte

Aprovechemos los momentos que tenemos para vivir lo mas felices que podamos. La felicidad no es un estado, para mi es una mezcla de sonrias de mis sobrinos, de las risas tontorranas con mi hermana, del tacto del pelo de mi madre cuando me dice que se lo seque, de los ojillos de mi padre cuando se emociona viendo una película, de los abrazos de mi cuñado; de los paseos por pamplona con las vegas y su “se me van a caer los ojos”, de los bailes de Prada, de los trancazos de Castro; de las sonrisas canarias en un aeropuerto a 2400 km. de aquí; de Airan a EPDJ, cambiamos de ritmo, pero la esencia sigue ahí (era esencia); de todos y cada uno de mis chicos de zaragoza, Azú, Muela, Mur, Molinos, Madina, Jeszú, Ozé, JF, Zú, las chicas de San José, Cachánchan, Vdiaples… Y seguro que se me olvida mucha gente.

Familia que lee los Renglones, sonriamos mientras podamos, que con sólo ese gesto podemos hacer que alguien sea por un segundo feliz .

Lo dicho, a quien lo quiera recibir OS QUIERO MUCHO.

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