Hacia tiempo que no lo sentía. Incluso pensé que ya nunca mas volvería a hacerlo. Esas cosquillitas en el estómago, el desear que llegue el momento de volver a verlo… Esas pequeñas cosas que de vez en cuando llegan a tu vida y que cuando no están se echan en falta. El tiempo pasaba pero todo seguía igual, todos los días la misma rutina: trabajo, casa, casa, trabajo, amigos, familia… Nada que saliera de lo cotidiano (aunque lo cotidiano es un placer…)

Pero de repende un día se encendió algo dentro de mi. Cuando menos te lo esperas, en el momento mas extraño y normal. Siempre se oyen historias que comienzan en el trabajo, en la oficina, etc, aunque siempre pienses que eso le va a pasar a otro y nunca a ti. Pero sí, fue en el trabajo y a día de hoy no me lo puedo quitar de la cabeza…

Primero, la chispa, después la búsqueda, y ahora la consolidación y la seguridad de que sí, me gusta y seguiré adelante…

Mal pensados…

¡No estoy enamorado! Seguiré yendo soltero a las bodas de mis amigos y familia… Vaya mierda, jejeje.

Y señoras y señores, todo éste parrafo porque ¡¡¡HE ENCONTRADO UN LIBRO QUE ME ENGANCHE A VOLVER A LEER!!!

Lo reconozco, lo de la lectura no es lo mío. Si no me motiva el libro lo dejo en nada, me aburro y paso de él. Con lo cuál, empieza a coger polvo en la estantería. Pero la historia con mi nuevo libro es diferente… Por que empezó como he dicho en el trabajo, cuando en mitad de una conversación de lo mas cotidiana surgió la palabra “monasterio”. Esa palabra en mi imaginación me transportó a cuando leía “Los pilares de la tierra” hace unos años, y me entró el gusanillo de leerme la segunda parte.

Así con esas, empecé la búsqueda con Individuo Las Vegas hasta que me compré la segunda parte del libro. Todo podía quedar en agua de borrajas si al leer los primero párrafos no sentía la chispita que te hace continuar leyendo, cosa que a mi me pasa la mayoría de las veces. Pero no. Ésta vez la chispita ardió, y sigo leyendo y con ganas de que llegue el ratito de irme a dormir para meterme de lleno en las historias de “Un mundo sin fin”.

Y así tengo una nueva historia de amor. Yo y mi libro, mi  libro y yo. Cada noche duerme a mi lado, junto con Triana, Globi y Maya desde las alturas. Me evado del mundo, leo historias de Ralh y  Gwenda, de robos, muertes, pobreza y enfermedades. Historias de aventuras, de un perro de 3 patas llamado Brinco y otro llamado Tranco. Y cada noche me voy a dormir deseando que fuera mas temprano para leer un poquito más.

Vuelvo a leer, ya contaré cuando termine. Ainsss, el amor… Si, pero al amor por un libro.  

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