Tengo 29 años, 8 meses y 18 días. Tiempo suficiente para llegar a saber como enfrentarse a los retos que nos pone la vida dia a dia. Aunque tambien para darse cuenta de que hay cosas que debemos mejorar para que el resto del camino que nos toca por andar sea mas llevadero, no solo para mí, si no para las personas que diariamente tienen que caminar junto a mi.

En el fondo uno sabe que ciertos rasgos de su personalidad no son adecuados en determinados momentos. Pero que ante ciertos hechos, pasan mas inadvertidos. O no es que pasen inadvertidos, si no que las consecuencias que tienen no son serias. No son serias hasta que un día sí lo son. 

Gracias a ello, o a pesar de ello, he podido despertar. Alguien o álguienes han hecho que abra los ojos para poner los puntos y las comas donde deben ir y hacerme entender que muchos planteamientos tal y como yo los hago, no son correctos.  

Si algo me caracteriza y los que me rodean lo pueden corroborar, es que tengo un pronto que me pierde. Muchas veces contesto mal, muy mal, y me obceco en que lo que yo estoy diciendo es lo que tiene que ser y punto. Individuo Prada lo sufrió mucho cuando estaba en una relación inadecuada, y yo la única forma que tuve de ayudarle fue gritar y gritar para imponer mis ideas. Lógicamente no surtió efecto. Mi familia, aguanta estoicamente mis envites de furia sin dar lugar a la mas mínima inestabilidad del terreno. Al fin y al cabo, es mejor ignorarme en esos casos.

No se dar la razón a los demás, no soy capaz de posicionarme en la piel de la otra persona para tratar de entender su punto de vista y reflexionar para llegar a un entendimiento. En lugar de eso grito y punto. Individuo las Vegas declina muchas veces entrar en conflicto ante la inutilidad del mismo dado que no voy a dar mi brazo a torcer. Hace unos 9 años, inmerso en una relación, una amiga de la  otra parte me sugería ante un enfado con mi pareja, que me sentara, que dialogara. Que la otra persona estaba esperando de mi gritos, gritos y mas gritos ante los cuales no hacía nada. No fuí capaz de dialogar, solo grité. Hoy nueve años después, Las vegas me ha dicho lo mismo que aquella amiga me dijo entonces. Y parece ser que no aprendí nada.

Actúo sin pensar en las consecuencias, sin pensar en los efectos que puedan tener mis actos. No doy explicaciones. Quizá alguien de los que puedan leer éstas lineas se siente aludido al hablar de ésto. Pero, ¿cuántas veces no he sido capaz de dar una explicación creíble, sólida y veraz, ante el fin de una relación? En lugar de eso me cierro en banda, digo un no y de ahí no salgo. Me vienen muchos nombres a la cabeza, a los cuales una explicación a tiempo hubiera sido mejor que ese NO solitario. Perdón a todos ellos.

Muchas veces he sufrido bloqueos en mi cabeza. Bullen las ideas, los pensamientos, las contradicciones, la rabia, la angustia, la ansiedad, pero no soy capaz de ordenarlas para crear una explicación. No encuentro el cabo del cuál tirar para desenrollar la maraña de pensamientos y así poder entrar en diálogo para tratar de solucionar los problemas. Y cuando por fin logro encontrar ese cabo, es tarde.

Hace poco Pepito Grillo me decía “Somos médicos, o en tu caso veterinario. No te puedes permitir el lujo de bloquearte ante una situación de éstres, porque la vida se va en ello” En cierto modo es así, pero el símil no es del todo correcto. Cuando yo, veterinaro, debo enfrentarme a una situación de urgencia, mi cabeza solo tiene que tirar del protocolo de actuación ante el cuadro determinado. Ese protocolo está pensado para que no se den esos bloqueos. No piensas, actúas. No hay lugar al “y si”, actúas. Tengo que hacer ésto, luego ésto, luego ésto y luego ésto.  Y ya está, no hay que pensar, solo hacer. Necesito un protocólo para cuando no estoy en el trabajo, para las situaciones de emergencia en las relaciones personales. Lo necesito porque ahí si me bloqueé y no fuí capaz de encontrar el protocolo a seguir. Realmente no hice nada, cuando era yo quien tenía que actuar.

Evidentemente, todo ésto viene a raiz de algo. Pero eso me lo guardo para mí. Me han despertado. Me han abierto los ojos para darme cuenta de que las cosas no son como yo las veo. A partir de ahora empieza un nuevo camino a recorrer, esperemos que siga siendo de baldosas amarillas. En ese nuevo camino debe haber menos gritos, mas cordialidad, mas sonrisas, menos globis, mas paciencia, mas diálogo, menos dictadura, mas entendimiento, mas empatía, menos imposición.

Es duro darse cuenta de todo ésto cuando estás al borde de perder algo maravilloso victima de tus propios actos. Cuesta abrir los ojos y ver que lo que has labrado, lo que hemos labrado paso a paso se va a la mierda en cuestión de horas. Y sobre todo cuesta darse cuenta de que mi mayor enemigo soy yo mismo.

 

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