Quizá muchos no entiendan el por qué de ésta entrada.

Aunque igual piensan muchas veces eso al leer cosas que la mayoria de las veces no tienen sentido. Es un video triste, demasiado triste. Pero digno de ponerlo. No recuerdo la fecha en que se emitió, pero si me guío por cuando se colgó en youtube, y por lo que he podido averiguar buscando, nos remontamos al 9 de diciembre de 2008.

9 de diciembre de 2008, 10 de julio de 2010, como hemos cambiado…

O mejor dicho, como han cambiado las circunstancias. Si alguien espera próximamente entradas alegres, graciosas y con chistecitos, le aseguro que no las va a encontrar. Ha pasado un año y ocho meses desde que vi esa escena por primera vez, y desde que oí esa canción acompañando las imágenes.

No las vi solo, no estaba solo en casa. Lloré como nunca, lo hice con congoja. Soy así, llorón por naturaleza así como mi hermana. Herencia paterna. Aquella noche alguien me acompañaba, me veía, me consolaba. Como decía el video que colgué en la entrada de ayer, cuando lloras a solas, me muerdes el corazón.

No puedo creer que todo haya cambiado para siempre. Me niego a pensarlo porque el mero hecho de hacerlo hace que se me rompa el corazón, sabiendo que yo he roto otro… Ahora mismo todo es como una pesadilla, de la cuál quiero despertarme algún día. Pensar en un futuro en el que estemos sentados alrededor de una mesa, con un café entre manos y recordando en cuanto hemos tenido que andar para llegar hasta ahí.

Aquella noche, aquel diciembre del 2008, apenas hubo diálogo. Solo gestos, miradas y alguna que otra palabra de consuelo. No hacía falta nada más. Bastaba el hecho de estar. Éstas noches de julio de 2010 son todo lo contrario. No hay gestos, no hay miradas, si hay lágrimas pero de cara a la pared.

El fondo no ha cambiado, los corazones siguen latiendo al unísono.

Eso lo se, porque lo siento. Todo lo demás es gris.

Quizás bastaba respirar, solo respirar, muy lento.  

 

 

 

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