He hecho una maratón. Y lo mejor (o peor) de todo, es que aún no ha finalizado. Llevo tres días comprando sin parar, y limpiando sin parar. A falta de unas 38 horas del  la hora cero, las cosas parecen mas centradas de lo que a priori parecía. Pero claro, todo gracias a la carrera a fondo que llevo desde el lunes. Aunque bueno, hoy después de dejar atrás el lastre del teléfono rojo, parece que el cielo empieza a clarear.

Mi casa, mas o menos limpia, mas o menos recogida. Cuando vienen invitados a compartir tu hogar, uno trata de mostrar la mejor cara posible. Entonces viene el zafarrancho de limpieza, y encuentras porquería en sitios que ni imaginas que se podía acumular. Cajones limpios, baño limpio, cocina limpia, salón sin polvo… Uy, un momento, ¿he dicho cocina?

La cocina merece un párrafo a parte. Y me explico. Cuando un chico soltero se va por primera vez a su casa, llena los armarios  de comida, bien de comida, bien de pasta, bien de conservas, bien de todo… La cosa cambia cuando la familia vive relativamente cerca, y cuando digo cerca es 3 minutos andando. Que si como aquí, que si me llevo un “tuper”, que si te subo comida que ha hecho tu hermana, que si me dan comida mis tias… Esas cosas que pasan. Y después de todo ésto, uno se pone a repasar lo que encuentra en sus armarios, y se da cuenta de que la mayoria de las cosas caducaron cuando Franco era corneta. Y ala… A la basura todo.

Entonces tienes que calmarte, y hacer la terrible y temible lista de la compra. Esa en la que siempre te dejas cosas sin apuntar. Y a recorrer pasillos de supermercados. Ayer al mediodía recorrí Capbrabo de arriba a abajo, conclusión 83 €. Que conste que van incluidos detergentes para la lavadora, geles corporales, suavizantes, champús, etc. Hoy al mediodía, recorro Sabeco-Simply… 36 € más para la cuenta. De nuevo mas comida, caprichos varios, y mas comida. Hoy por la tarde, Eroski… 17 €… ¡Y la lista está aún con cosas sin tachar! Madre mia, ésto es interminable.

Eso sí, espero que comida no falte. Vamos a salir en San Fermín rodando. Aunque la misión aún no ha acabado, ya que mañana aún toca otra parada. Esa será para otra entrada.

Y con todo ésto, se pasa la semana. Una de las mas largas de mi historia. Una de las mas tensas y nerviosas de las que recuerdo. Se esfumaron los tonos rojos para dejar paso al verdadero color rojo de la fiesta mas increíble que conozco. Y sobre todo, viene el cero. 38 horas y se borraran de un zarpazo los 2400 de nuevo para reencontrarnos.

Eso si que forma parte de otra historia…

El Renglón Torcido, 1.5 a. P.

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