Hay veces que tenemos ganas de escribir cosas que no sabemos como redactarlas, bien porque no encontramos las palabras justas o porque no enlazamos los sentimientos uno tras otro para poder ser deletrados. Otras veces esas ideas salen a borbotones como si de una rotura de una presa se tratara, y en menos de dos minutos ya tienes un nuevo renglón torcido. A éstas últimas le llamo renglones reactivos. Es decir, son aquelos que salen provocados por un enfado, una nueva ilusión o algo gracioso transcurrido durante el día.

Sin embargo hay otras muchas veces que los silencios entre renglón y renglón valen mas que los mismos. Y ahí es donde llega la autocensura. En determinadas circunstancias y ante ciertos comentarios y sobre todo a mi, me suele costar demasiado callarme. O en este caso escribir sobre ello. Aunque al final puede mas un poco de mi cordura por no levantar tempestades que la necesidad de expresarme.

Es aqui cuando entra la censura en mi propio blog. Me impido escribir sobre determinados temas, los cuáles si ésto fuera un diario privado, por supuesto llenarían hojas. Pero como siempre y desde que empecé a escribir aquel nueve de marzo de 2009, la censura existe en mis renglones, pero tambien menciono lo que censuro. Todo por el derecho a réplica. Alguna vez he escrito sobre algún comentario que no ha sido de mi agrado y lo he borrado. Pero a pesar de borrarlo, ha quedado reflejado en una entrada sucesiva. 

Pues bien, si hasta ahora he hecho eso, hoy no tiene por que ser diferente. Siempre he pensado que para bien o para mal, las decisiones tomadas por uno mismo generan una especie de efecto mariposa en tu entorno. Algo que a mi me puede parecer de puta madre, puede que a alguien de las personas que interactuan conmigo a lo largo de mi vida no le pareca tan “de puta madre”.  Muchas veces no pensamos en las consecuencias de nuestros actos o nuestras palabras hasta que tienen una repercusión negativa.

Yo pienso, barajo opciones y decido, siempre y primero, pensando en si puede traer alguna consecuencia negativa a mi familia y después si mi entorno se verá afectado por dichas decisiones. Si ambas son negativas, la decisión estará tomada. Pero sobre todo lo que prima en cualquier decisión, independientemente de lo anterior es el YO. ¿Quiero hacerlo? Por supuesto, pues adelante… Y lo demás, ¿al que no le guste que no mire? Pues sí,  así es.

Y al que no le guste que no mire…. Me autocensuro, pero ahí queda, ésta frase lo resume todo. Ya no tengo 15 años para andar con tonterías. Doblo al chico de 15 y las idéas están mas que claras. Así que hay queda. Seguramente no entendáis ni papa de lo que estáis leyendo… Será que el puto viaje en avión próximo me está transtornando y está empezando a dejar secuela.

¿Un Valium? ¿Un Melendi?

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