“Estamos llegando a la playa” (plural), “vienen a cenar Esteban y Sonia” (plural), “nos vamos al cine a ver Furia de Titanes” (plural), “bajamos mañana a comer” (plural).

“Estoy cenando” (singular), “estoy viendo una peli” (singular), “voy hacia mi casa” (singular)

La de veces que usamos las diferentes expresiones, y lo que pueden llegar a chirriar en nuestros oídos cuando tenemos un día triste. ¿Y triste por que? Por la singularidad. Acabo de terminar de ver una película, desde luego mala elección para un día como el de hoy. Me he sentado en mi sofá (singular) dispuesto a ver La decisión de Anne, recomendada por Las Vegas. Me apetecía un drama para así de paso soltar unas cuantas lagrimillas y desahogarme. Pero por cosas de la vida y dado que el DVD no funcionaba, el drama lacrimógeno ha sido sustitudo por No es tan fácil, con Meryl Streep. Aparentemente una comedia con la que ríes, y de verdad que lo haces, pero que cuando va mas allá de las risas, te pellizca el corazón.

Como muchos otros días, hoy he estado acompañado por los míos. Las sonrisas y risas de mis pequeños han sonado gran parte de la jornada. Las voces ruidosas de mi familia, con gritos y carcajadas me han acompañado en éste día festivo. Después de la compañía familiar, la compañía individual de un individuo que siempre está, aunque no lo llámes. Y mientras, y durante, la “presencia” de 2400 y 2400bis, aunque haya sido a través de la red inalambrica, pero presentes como otra cualquiera.

¿Y después? Después viene el singular. Después de un largo día acompañado llego a mi casa y paso del plural al singular en cuestión de segundos. Todo es para mí, nada que compartir, nadie con quien hablar ni con quien reír.

Un singular.

La mayoría de los días y gracias a dios, suele pasar desaparcibida ésta sensación. Pero hay otras que es difícil no sentirla. Es bonito ver como las personas que te rodean comparten su vida con otras personas y hacen el camino en plural. Mi camino es singular desde ya no recuerdo ni cuando. Sinceramente, siento pudor contando ésto. Pero seguramente, si hoy hablo de sentimientos, mañana lo haré de sexo. Igual que una veleta.

Se que muchas personas que me rodean a veces tienen la misma sensación que yo tengo ahora mismo mientras escribo. Son la una de la madrugada, y escribo en un ordenador, con una lucecita encima de la pantalla, mientras todas las demás luces de mi casa están apagadas. Y no se encenderán a no ser que sea yo el que las encienda. Mi sofá está tal cual lo he dejado al levantarme para venir hasta aqui tras la película. Mi cama está hecha, y no se deshará hasta que no me meta yo en ella. Y mi voz suena muy pocas veces entre estas cuatro paredes a no ser que hable por teléfono.

Como dice pinceladas, a veces es difícil ordenar un pensamiento o una sensación en palabras para formar una frase, y hoy me está costando precisamente eso. El día ya está vendido, es la segunda vez que digo ésta frase hoy. De aqui a la cama y mañana despertaremos con los pensamientos mas ordenados y supongo que mas optimistas.

Pero despertaré  (singular) en singular.

Ah, y sí, es envidia, efectivamente.

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