6 a.m.

 

Un fin de semana al máximo. ¿Cuántas horas de sueño en total? Casi es mejor ni contarlas, pero sobre unas seis horas y tres cuartos de sueño hacen que haya sido un fin de semana inolvidable. Cuarenta y ocho horas pasadas, dormidas casi siete, despierto casi cuarenta y una. La primavera desde luego ha entrado en todo su explendor y hace que la sangre esté mas alterada de lo normal. Así, la juerga padre.

¿Que te dan cerca de las cinco de la noche del sábado? Yo mejor me voy a mi casita y paso de ir a Totem que ya estoy cansadico.

¿Que hace un día estupendo de sol y primaveral el domingo por la tarde? Yo me piro a la calle que hay que aprovecharlo porque hace muchísimos meses que llevábamo esperando ésto.

¿Que te sale un plan de última hora la noche del domingo? Oye, que los planazos no están para desperdiciarlos y hay que cogerlos al vuelo. No vaya a ser que venga otro y me los quite.

Y si el planazo de alarga hasta las seis de la mañana, para que contar mas. Jadeos, falta de respiración, descanso, una cabezadita. De nuevo la boca abierta, de nuevo falta de respiración, calor y otra vez descanso. Bufff. Agotado a casa. Las seis de la mañana y yo sin sueño, despejado. Dentro de poco a trabajar. Sólo hay tiempo para una hora de dormileo con picor de garganta (ejem, ¡marica!) y al trabajar que es lunes. Así que una horita de reposo y a la ducha rápido que hay que presentarse con buena cara.

Ufff, agotador, si ya os lo decía. No se puede vivir la vida con éste ritmo y mas cuando ya vamos cumpliendo años. Y es que el plan suena de maravilla, de no haber sido porque todo ésto ha sido consecuencia de llevar encima mi teléfono rojo. Citas imprevistas por llamadas a él, jadeos y falta de respiración culpa del rojo, y largas y largas noches sin dormir por y gracias a él.

Así que cualquier tinte sexual, juerguista o vacacional derivado de éstas líneas ha sido todo producto de vuestra imaginación calenturienta. Porque yo la verdad en lo último que estaba pensando era en “exo” precisamente.

Como resultado, dos noches sin dormir. Ojeras hasta los piés. Bostezos a todas horas, y la vista puesta en Semana Santa y en el merecido descanso del guerrero, porque queridos amigos, ésta profesión hay veces que parece un campo de batalla. Y los que la comparten conmigo lo saben perfectamente.

Siempre hay lugar en éstos momentos de flaqueza, a merecidas sonrisas provocadas por pequeños detalles. Como cuando el señor agente municipal te saluda pensando “pobre” a las cuatro de la madrugada, y sonríe como diciendo, tranquilo, tu coche está vigilado aunque esté en doble fila. O como cuando dentro de la enfermedad, el ser pequeñito te mira y lo que me dice me lo guardo para mí, o pensaréis que estoy loco. O cuando en el peor momento de todos, sólo con mandar un mensaje a un “unahoramenosmóvil2400” obtienes una respuesta inmediáta de ánimo que hace que las horas duras sean menos duras.

 

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