Estamos expuestos siempre a la opinión, juicio y crítica de cualquier persona que nos rodea. Unas veces ésos comentarios serán los que te alegren un día triste, y en cambio, otras veces, esas palabras serán capaces de nublar un día soleado. Pero sólo nos queda el derecho a pataleta si pensamos que estaban equivocados, y por supuesto, aceptarlos para bien o para mal y seguir adelante.

Yo, confieso. No llevo nada bien las críticas, ni opiniones vertidas en mi contra, ni los jucios sobre mi persona. Si lo hacen a mis espaldas, la tengo curtida, pero si me lo dicen, notaré cierto rubor en mis mejillas y la vena de mi frente se hinchará paulatinamente y en función de la maldad de la crítica.

Todo ésto viene a raíz de una semanita intensa en éste respecto. Unas de las veces no he tenido mas remedio que bajar la cabeza y callar por respeto al lugar donde fue dicho. Dado que no soy NI NI, tengo una educación y a veces es mejor un silencio tenso en un momento dado que una contestación burda. Pero el tema de que todo el mundo pueda opinar sobre si llevo un pincho en la oreja y si lo puedo llevar en la polla, ¿esas cosas en los bares y por la noche, no? Hay que saber donde se hacen ciertas preguntas. 

Por otro lado y cambiando de tema, reconozco que mi humor a veces es difícil de pillar. Que necesitas estar o hablar en directo varias veces conmigo para poder saber si estoy hablando en serio o todo lo que estoy diciendo es pura ironía. Y comprendo que a veces puedo escribir cosas que no se acaban de entender de una forma redonda. Ésta parte de los renglones iba a ir por otro camino, pero voy a poner una comparación. Ahora mismo estoy escuchando de fondo una canción de La oreja de Van Gogh. Bien. Ésta en concreto es Deseos de cosas imposibles. Ahora bien. ¿No pasa muchas veces que escuchando una canción, no entendemos todas y cada una de las frases que dice, pero entendemos el mensaje en su totalidad? Si nos ponemos a analizar cada palabra podríamos pensar que no tienen muchas de ellas sentido, pero hay que buscarselo. 

Perfecto. No me voy a comparar con un compositor de canciones. Pero yo escribo renglones de mi vida, de mis pensamientos y de mis actos. Unas veces alegres y otras tristes, y a veces incluso obscenos. No hay que entenderlos tal cual son siempre. Si no que habrá muchas veces que por respeto o probablemente miedo a expresar tal cuál las cosas, estarán escritos de una forma un tanto abstracta. Es lo que hay.

Soy raro, raruno. Pero soy y escribo. Lo hago porque me gusta y lo seguiré haciendo mientras tenga algo que contar. Y si alguna vez no entendéis algo, preguntad que para eso estoy. Pero sobre todo, leed entre lineas que a veces es donde se esconden los verdaderos renglones torcidos.  

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