Al final del día, llegas a casa y tienes esos momentos de soledad en los que te apetece aislarte del mundo. Entonces es cuando entro en éste blog y veo que durante el día de hoy en cierto modo he estado acompañado por aquellos que entran a visitar mi renglones. Y no veo sólo que me visitan, sino que personas a las que hace mucho tiempo no “veía” o no “sabía” se dejan caer por aqui y dejan su pequeña huellita.

Y viene bien darse cuenta de todo eso, porque después de un día duro como hoy, reconforta el saberte querido por decirlo de alguna manera. Conocer que muchas de las historias que compartes, a la vez son compartidas y vividas por muchos otros. Esas situaciones hacen que te des cuenta que al final, los problemas cotidianos que a veces te parecen un mundo, son mas comunes de lo que nos puedan parecer.

Hoy no he parado  un sólo momento. Día Lunes, aparentemente tranquilo en la agenda, y misteriosamente ajetreado laboralmente. Tanto que ni un sólo segundo de las horas “lectivas” he tenido para sentarme y respirar. Mientras tanto y en mitad de la tensión laboral, tensión médico- familiar. “Mañana al quirófano”… Y a pensar como me monto el día de mañana para conciliar mis obligaciones laborales con las familiares. Todo ésto no hacía mas hacer que las conexiones de mis neuronas estubieran a punto de entrar en cortocircuito temporal.

Sal de trabajo tarde, salvando vidas. Atraviesa Pamplona para llegar al hospital, y vuelve a casa a las diez de la noche para seguir recogiendo la ropa para planchar, del tenderete, tal, cual, pascual… ¡Y una mierda! Me voy al sofá. Mañana será otro día, pero yo no puedo hoy mover un sólo músculo mas. ¿Guarro? ¿Desordenado? Sinceramente hoy me da lo mismo cualquier adjetivo calificativo que podáis decir.

“Francamente querida, no me importa”

 

 

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