Unas 2400

   

 

2400 ¿Qué? Pues dificultades, ausencias, malentendidos, segundos. Llamadas, mensajes, risas, llantos. Pasitos, confidencias, cuchicheos y secretismos.

Es francamente difícil no compartir un día a día. No saber si hoy amaneció gracioso por naturaleza o es de los días en los que duele algo y sólo te enteras al final del día, por casualidad y metiendo la pata. No se comparte ni un recuerdo de un olor, ni un recuerdo de un roce, ni tan sólo de un gesto concreto en un momento determinado.

2400 situaciones basadas en palabras, escritos, pero vacías de vivencias conjuntas físicamente. Creo que ésta es una de las entradas mas complicadas de plasman en palabras de las que he podido escribir hasta ahora. Y es así porque hay un nada alrededor que lo llena todo en exceso.

Me llama la atención como alguien en concreto puede llegar a conocer simplemente por el tono de voz cuando lo único que ha hecho es escucharte durante meses y meses y mas meses. Es sencillo si lo tienes cerca, y con solo una mirada te hace una radiografía perfecta de arriba a abajo. Pero cuando ni siquiera hay eso, solo ondas que viajan a través de los kilómetros, que llevan tu voz allá donde estés y te pregunten ¿Que te pasa, que se que no estás bien?

Cuando de repente alguien aparece en el horizonte, y sientes que ese alguien tiene y debe formar parte de tu día a día, no puedes dejarlo pasar. A pesar de que ese día a día hasta ahora nunca ha sido físico, és, que es lo importante. Ni siquiera se si eres mas alto o menos alto que yo. Ni cual es tu forma de andar, ni como son tus gestos. En este punto hemos pasado de un mensaje impersonal, a algo mas personal.

Llevas conmigo desde no recuerdo cuando. Apareciste, o “te aparecí” sin querer, por equivocación. Bendita equivocación. Mas bien por despiste. Y desde entonces has llenado muchos silencios, y muchas soledades hasta el punto de reconocer cosas que poca gente puede aunque sólo sea después de descolgar un teléfono. Durante todo éste tiempo hemos compartido muchas risas e ilusiones. También llantos y enfermedades. El señor congestionado pasó a formar parte de mis oídos, y todo sin un nada.

Hace poco te dije que no sabía como rematar tu presencia en el blog. Y sigo sin saber hacerlo. Hoy no te encuentras bien y yo tocándote las narices. Cosas así hacen que me de muchísima mas rabia de lo que ya me da, que haya 2400 razones por las que no pueda meterme contigo mañana y decirte “¿nos tomamos una caña?”.

Pronto, espero, y a pesar de, éstas líneas tendrán una conclusión mejor. Por lo menos será mas redondo de lo que hasta ahora es. Porque creo que llegará en el momento oportuno, y porque hace falta ya poner un escenario a algo que comenzó con un simple despiste de un renglón torcido, y que ha acabado en una bonita historia de (por que no), llamémosle amor.

2400 km, 1 mes, 26 días.

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4 comentarios sobre “Unas 2400

  1. Que bonito… creer, conservar la esperanza, y animarse a enfrentarlo todo… ahora desde tan lejos que estoy de mi pareja estas palabras de verdad me tocan profundo… hay que enamorarse en esta vida, sino que sentido tiene?

  2. Ojalá te llegue ese momento y lo disfrutes. Tal vez debas buscar ese destino, no esperar a que él llegue a tí. Si de verdad es lo que sientes, intentálo. Si sale mal… toda herida cierra con el tiempo. Pero, no intentarlo te penará toda la vida. Me encanta tu entrada, y rie… ¿vale????

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