«La razón por la cual rescaté a los niños tiene su origen en mi hogar, en mi infancia. Fui educada en la creencia de que una persona necesitada debe ser ayudada de corazón, sin mirar su religión o su nacionalidad.»

Irena Sendler, Varsovia 1910 – 2008

 

Es curioso la de emails reenviados que puedes llegar a recibir en un solo día en tu cuenta de correo, y la mayoría de ellos pasan desapercibidos despues de alguna risa que otra. Sin embargo hay otros, que mas allá de una simple lectura, tocan algo dentro de tí que te hace reflexionar sobre éste mundo en el que vivimos.

Tras la invasión de Polonia por la Alemania nazi y la creación del gueto de Varsovia en 1942, Irena, que era una enfermera que trabajaba en los comedores comunitarios del Departamento de Bienestar social, se unió al Consejo de ayuda a los judíos tras comprobar las extremas condiciones que en el gueto se vivían. Irena consiguió identificaciones sanitarias para trabajar en dicho gueto, para ella y varias compañeras enfermeras, y se encargaban de evitar la difusión de enfermedades contagiosas. Ella contaba que como los alemanes tenían miedo de que se descadenara una epidemia de tifus, dejaban a los polacos que se encargaran de dichos cuidados.

En el gueto, y con un brazalete con la estrella de David, como signo de solidaridad y para no llamar la atención sobre sí misma, Irena se ofrecía a las familias judías para intentar sacar de allí a sus hijos, dado que permanecer allí era una muerte segura. Muchas familias se negaban a entregar a sus pequeños por temor a perderlos, aún sabiendo que estar allí no era una solución. 

Durante año y medio, consiguió sacar de aquel gueto a mas de 2.500 niños judíos que de haber permanecido allí hubieran tenido un final fatal. En ambulancias salieron como víctimas del tifus y posteriormente escondidos, en sacos, en cajas de herramientas, cargamentos de mercancías, cestos de basura… Cualquier elemento era susceptible de un escondite para su fin.

Cuando conseguía sacarlos, y con el fin de que no perdieran su identidad, elaboró un archivo de cada uno de los niños que fueron rescatados del gueto. Un archivo que sólo conocía ella.

En 1943, los alemanes descubrieron sus actividades y fue detenida por la Gestapo. Fue llevada a prisión donde fue brutalmente torturada. Sólo ella conocía los nombres de los niños judíos liberados del gueto, y de su paradero en distintas familias adoptivas. Con su negativa a traicionar a sus colaboradores y a ninguno de los niños que liberó, fue sentenciada a muerte. Un soldado trató de liberarla, pero no fue posible. Los miembros del departamento de Bienestar Social de Varsovia, sobornaron a los nazis y consiguieron que la pena de muerte no se llevara a cabo, e Irena continuó trabajando con una identidad falsa.

La lista con todos los nombres de los niños judíos a los que ayudó, fue guardada por ella en frascos de vidrio que enterró en el jardín de su vecina. Tras el fin de la guerra y la liberación del gueto, ella misma desenterró esos frascos y entregó las listas al presidente del Comité de salvamento de los judíos sobrevivientes. La mayoría de las familias de aquellos niños, lamentablemente había fallecido en los campos de concentración nazis.

Tras salir a la luz su historia, y aparecer su foto en diversos periódicos por ser premiada por sus acciones humanitarias en la guerra, empezó a ser reconocida por aquellos niños que ella salvó.

En 2007, el gobierno de Polonia la propuso para el Premio Nobel de la Paz, con el apoyo del Estado de Israel y de la Organización de Supervivientes del Holocausto residentes en Israel. Fue presentada como uno de los últimos héroes vivos de su generación, demostrando, fuerza, coraje y unas fuertes convicciones de ayuda y servicio ante una horror de naturaleza extrema.

Ese año el Nobel de la Paz fué para Al Gore, por su lucha contra el cambio climático.

El 12 de Mayo de 2008, Irena murió en Varsovia a los 98 años de edad.

¿Al Gore? ¿Barack Obama? Ellos no, de ninguna manera. Irena Sendler sí. Un gran sí.

 

 

Anuncios