Lo reconozco, hay veces que aflora sin poder remediarlo. En muchas ocasiones es reprimida, y cuesta hacerlo, pero se consigue. Pero hay otros momentos en los que la represión de la mala educación, no es una opción. Así que sí, después de muchos años de colegio, instituto, universidad y la escuela de la vida, sale a relucir… ¿Y sabes qué? Que me gusta y no me arrepiento de hacer uso de ella.

Uno llega cansado de trabajar, cansado de hablar y mas cansado por tener un trabajo de cara al público. Mi casita, mi calor, mi olor, mi hogar… Y suena mi teléfono fijo: o es mi madre, o es mi hermana, o algún individuo, o alguien isleño. Pocas mas opciones suele haber con llamadas a mi casa.

Pero no me acordaba que son las nueve menos diez de la noche. Una hora idónea para que mis amigos de Jazztel, Ya.com, orange y su puta madre se dediquen a tocar los cojones en el único tiempo de tranquilidad que tienes cuando acaba el día. Llegar a casa y desconectar se hace difícil cuando lo único que quieren es darte la chapa para hacerte la mejor oferta del mundo de internet, aunque luego todas se lleven el canto de un duro.

Ahí es cuando un señor educado debe mostrarla. Paciencia, cordialidad y calma para hacerle entender a la señorita, que según sus palabras está encantada de hablar conmigo, que sus ofertas tan maravillosas y por las cuáles me voy a ahorrar tantos euros, NO ME INTERESAN. Y ahí viene el dilema… ¿Que hago? ¿Me apetece escuchar todo el rollo que tiene la señorita preparado hasta que me deje meter baza y decirle que no me interesa? ¿Cuando le diga que no me interesa que otra respuesta tendrá preparada para seguir captando mi atención? ¿De verdad no tienen otra hora para llamar que no sean la hora de la cena al calorcito de mi casa?

Conclusión: tras cinco segundos de la señorita hablando, he colgado el teléfono sin despedirme. Sí, ahí está. La mala educación. ¿Pero sabes que? Me da igual, porque ya uno tiene que poner buena cara durante muchas situaciones que transcurren durante un día entero, para que luego al llegar a casa te sigan molestando mas. Cuelgo el teléfono porque paso de aguantar conversaciones que no me llevan a ninguna parte. Y sí, soy mal educado, pero mi tiempo es mío y lo malgasto en lo que me da la gana, no en lo que las empresas de telefonía decidan.

El primer día de colgar una llamada así crea desasoiego. A día de hoy, no me crea nada de nada… Solo tengo mas tiempo para mí.

Ah, y si que tienen otra hora para llamar. Esa es las tres de la tarde cuando te vas a echar la siesta. Siempre dando en el clavo.

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