Donde empieza o donde acaba una amistad. ¿Quién es un amigo y quién no lo es? Hay veces que uno puede llegar a pensar que los amigos se cuentan con los dedos de las manos, e incluso a veces pueden llegar a sobrar. Los amigos son aquellas personas que te acompañan siempre, bien sea en presencia o en ausencia, pero están siempre.

Te conocen, te saben y te ven y comparten.

Conocen tus virtudes, pero sobretodo conocen tus defectos y conviven con ellos aceptándolos y teniendo la suficiente paciencia para no mandarte a la mierda por ellos.

Saben cuando estás bien, pero sobretodo saben cuando en tus ojos hay una tristeza, una inquietud, una desesperanza o un brillo especial. Saben cuando tratarte de una manera y cuando torearte como a un Miura. Saben si has reído o si has llorado, si has bebido o si has follado. Saben tus secretos, tus miedos y tus metas. Te saben…

Ven y comparten tu vida junto a la de ellos. Te hacen partícipes de sus caminos como si camináramos por un suelo de baldosas amarillas rumbo a Oz, rumbo a nuestro destino. Ven tu evolución, tu crecimiento exterior y tambien tu metamorfosis a lo largo de los años. Vemos canas y arrugas, por supuesto de expresión, no de envejecimiento. Ven tu vida a través de sus ojos así como ellos muestran la suya como si de una película se tratara.

Los dedos de una mano son diez, los amigos no quiero contarlos ahora, pero a lo largo de la vida te vas dando cuenta que son menos de los que puedes llegar a pensar, por ejemplo, hace diez años. Unos comparten tu día a día, otros tu mes a mes a través de un teléfono que nos separa. A otros la separación se hace un mar y no queda otro remedio que suplirla con miradas, conversaciones y carnaval.

La amistad no se etiqueta como una foto de facebook ni se acepta con una “solicitud de amistad”. La amistad se forja con una rutina, con horas, cafés, conversaciones, lloros, cantos, risas y confianza. Pero sobretodo hace falta ganas y cultivarla. Quien tiene un amigo y no lo cuida, al final se convierte en un dedo que bajamos en nuestra cuenta con las manos. Y para que eso no suceda hay que querer.

A lo largo de mis 29 años he brindado y querido mantener muchas amistades, de las cuales demasiadas han quedado por el camino por circunstancias de la vida. No tengo la suerte de mucha gente de conservar los amigos de mi infancia como muchos que  me rodean, aunque guardo con especial cariño a muchos de los que 15 años después nos volvimos a reunir en una cena. No tengo la suerte de conservar a mis amigos del instituto, porque por otra serie de casualidades o desencuentros, tomamos rumbos distintos y no supimos mantener unidos los lazos. En este caso me guardo las palabras enviadas en un mensaje a través de facebook de una persona que me encantó volver a incorporar en mi vida, como sería un individuo pelirrojo.

Los años que vinieron después trajeron los dedos de las manos, todos y cada uno de ellos. A través de internet, a través de la música, y por supuesto desde la ciudad del ebro. Gracias a todos.

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