Han pasado 20 horas desde que entrara el nuevo año. Exactamente 20 horas y 7 minutos desde que por un año y pese a discusiones familiares, las campanadas fueron vistas en una cadena que no era televisión española. Belén Esteban pudo mas que Anne, he hizo que la constumbre arraigada en mi casa de siempre terminar con la número uno, nos llevara al azul electrico del vestido de la princesa del pueblo.

Un día tranquilo debido a la cantidad de ibuprofenos que lleva mi cuerpillo serrano. No solo por la resaca del copón que puedo tener encima, sino tambien por la congestión nasal y sinusal que lleva conmigo desde mi reciente viaje a Zaragoza. Los días uno de enero son así, familiares, resacosos y reptativos… Repto del sofá al grifo a por agua, y viceversa.

Las campanadas pasaron y dieron lugar a las prisas para disfrazarse. Inciso: ¡¡¡Como coño podéis las mujeres aguantar pintaros la raya del ojo sin llorar!!! ¡¡¡Pero si es horroroso lo que escuece!!!

Del disfraz, a bailar y de bailar, a reirme como hace mucho que no me reía. Cerveza y más cerveza, besos de feliz año y cuando la noche terminaba o el día empezaba a dormir. Lo que pasó o dejó de pasar, eso queda para mí.

Y después de toda esa noche, llega el día… El día de volver a decir NO VUELVO A BEBER NUNCA MAS. Seré mentiroso… Mentiroso y repetitivo, porque todos los días de resaca digo lo mismo.

Así ha pasado el día, al que le quedan ya pocas horitas. El resto ya está vendido, sofá, manta, agüita fresca y buen cine. Por cierto, impresionante Celda 211.

Comienza un nuevo año, ha empezado muy bien, veremos como termina… Esperemos que mejor.

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