Almodóvar me descolóca. No se si será por el frío helador que hace hoy en el exterior de mi casa, o por que el estar con “la regla” hace que tenga el cerebro un poco embotado.

No hace día de salir a la calle pero ni a bajar la basura. Pues que mejor que ver una película en casita calentito con la calefacción puesta por supuesto. Tenía dos para elegir antes de volver a grabar un nuevo DVD. Opción A: Tapas. Opción B: Los abrazos rotos.

Evidentemente ha sido la opción B. Me había dicho un pajarito que si decepciona, que si tal que si pascual. Para un día de teléfono rojo francamente no está mal. Pero si que me ha dejado un regusto extraño ahora al terminar de verla. Y es que mi relación con las películas de Pedro es un poco peculiar.

Si Todo sobre mi madre me encantó, Hable con ella no me gustó un pelo. Si La mala educación volvió a engancharme, Los abrazos rotos me queda frío. Menos mal que siempre tendré Volver para volver a hacer las paces.

Después de ver la peli, siendo las doce y dieciocho minutos de la noche, me dispongo a apagar el ordenador y compartir mis sueños con los angeles. Dos pares de calcetines, pijama largo, camiseta manga larga, edredón nórdico, mantita lila, otro edredón por si acaso, rodeado de almohadas para que no entre demasiado frescor… ¿Demasiado tapado? ¿Demasiado friolero?

Pues sí, lo soy, pero hasta que mi cama de 160 centímetros sea para mí solo, tengo que resguardarme de las inclemencias del tiempo a toda costa. No quiero saber que temperatura hará en el exterior, pero luego me quejaba del calor del verano… Manda cojones.

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