Fin de noviembre, comienzo de diciembre. Las primeras nevadas empiezan a caer sobre nuestros anoraks y cambian el color de nuestros paisajes. Nuestra Navarra verde pasa a ser blanca, nuestros pasos firmes se convierten en danzantes ante la inestabilidad del suelo que pisamos. La ciudad agitada con la primera nevada y los conductores, algunos temerosos, otros valientes. Pareciera como si nunca habríamos circulado bajo el nuevo paisaje.

Pero hay algo que cambia todo lo anterior y hace que se vea todo diferente. Si miramos la nieve a través de los ojos de un niño, lo que antes era caos y desesperación se transforma en diversión y juego. Si la forma de conducir era con miedo y la manera de andar era con cautela, todo cambia cuando hay un niño a tu lado.

Los juegos del verano han quedado atrás. Bicicletas,  hormigoneras, camiones, areneros… Todos cubiertos y un nuevo juego. Muñecos de nieve, saltar en los charcos, tirar bolas… En definitiva, disfrutar de lo que el entorno en el que vivimos nos ofrece. Sin tiempo a calzarse las botas de agua para salir a disfrutar una vez pasado el temporal, ahora es tiempo de reir bajo las primeras nieves, y como no, oir algún grito de los mayores cuando a los pequeños se les ocurre comerse la nieve esté donde esté. Aunque, ¿quien no lo ha hecho de pequeño?

El invierno ya está aqui. La primera nevada se fué, seguro que volverán mas. Volverá el caos a la circulación y a la vida de la ciudad, pero ahora tendré en mi mente mientras conduzca enfurruñado bajo los copos, la sonrísa de los niños cuando ven nevar.

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