Seguramente os habrá pasado alguna vez eso de ir andando por cualquier sitio y de repente cruzaros con alguien que no os aparta la mirada. Esa mirada se mantiene y se mantiene, y tu por supuesto, tambien la mantienes. ¿Por que apartarla si la otra persona no lo hace, no? Lo interesante viene después cuando de repente, esa otra persona de mirada mantenida, te saluda.

¡Mierda!

Tu cabeza a partir de ese momento entra en un bucle imposible de salvar. ¿De que lo conozco? ¿Me conoce? ¿Por que me ha saludado? ¿Tendrá algún perfil en alguna página de contactos y me conocer? ¿Será amigo mio de Facebook y no lo sé? ¿De qué? ¿Por qué?

¡Mierda!

Y después de mil preguntas y no llegar a una conclusión fiable de el supuesto conocimiento mutuo, lo único que reconoces es: “pues es muy mono, ¿no?”

Pero vamos, ahí se queda toda la historia. Un saludo que ni siquiera se realmente ha sido saludo o coacción de miradas que desencadena el saludo por causa mayor. Y nada más.

Una pena, pero es lo que hay. Eso sí, si el señor desconocido por casualidades de la vida logra leer ésto, que se ponga en contacto con mi agente para aclarar las circunstancias de la mirada.

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