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Está claro que los días se componen de momentos buenos y momentos malos. Hay horas en las que solo tenemos pensamientos bonitos y divertidos; mientras que hay muchas otras en las que la cabeza se llena de ideas que hacen que volvamos a poner los pies en la tierra si es que los habíamos despegado.

Yo reconozco que en el último mes habia despegado los pies para iniciar un vuelo, no muy alto, un vuelo raso. Pero coño, un vuelo. En el cual, las cosas transcurrían con más facilidad de lo que hasta ahora transcurrían. Los meses pasaban mas tranquilos sin necesidad de mirar al detalle a que día estamos y cuando pasarían las próximas facturas. Ese banco, nuestro amigo que nos presta dinero y que hace que contraigamos matrimonio de por vida, siempre está a nuestro lado…

¡¡¡ Para darnos por culo!!!

Y no hagáis la coña con la frase, que no, no me gusta éste sentido de la misma. Cuando todo parecía que iba a mejorar, te das una duchita de agua fría y ale majo, a reaccionar y a aterrizar con los piececitos en el suelo. Que el armario que con tanto cariño te están haciendo y que tantos meses has esperado ahorrando un poquito y un poquito y mas poquitos, tendrás que pagarlo, sí, pero no con la ayuda de nosotros, ¡oh gran banco amigo!

Por esta razón hoy mi día se ha visto empañado. Empiezo a tener el sindrome premenstrual y ésto no me ayuda nada. Pero lo peor es la agonía con el banco termina hoy con un sueño reparador y mañana será otro día. No. Hoy ha comenzado un viaje que lo peor es que no se cuanto tiempo va a durar, ni que malos sueños y malas noches me traerá y lo peor aún, cuanto dinero me costará.

Eso es, ya puestos, que me suban el IVA desde hoy. Ole ole ole.

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