censura

Desde que comenzara mi andadura a través de las vivencias on line a través de éste blog, sois muchos los que os habéis adentrado en mi particular mundo mediante visitas diarías. Y todavía reconforma mas saber que de vez en cuando alguien se siente identificado con algo de lo que “mi personalidad vacía”  plasma en los renglones torcidos.

Muchas historias de las que cuento son realidades exageradas de lo que me toca vivir cada día. Y cuando digo que son exageradas, implica que si hay momentos que estoy alegre, las entradas serán mas alegres de lo real. Y por el contrario, cuando las entradas son de “alta tensión”, serán de mayor tensión aún que en la realidad. No se trata de ser el mejor cuando se hacen las cosas bien, y el más “mezquino” cuando se és malo.

El paso de los años hace que muchos puntos de vista que en principio tenemos fijados en nuestra cabeza, vayan variando de posición. La cuestión es que hay que darse cuenta de que esos cambios se están produciendo y adaptarse lo más rapidamente a la realidad cotidiana. Esta adaptación al cambio es indicio de cierta madurez. Aunque por supuesto, en determinados momentos todos sacamos al niñato “inmaduro” que llevamos dentro para llevarlo donde haga falta, con tal de defender su verdad.

Yo no trato de convencer a nadie cuando escribo. No impongo ideas, simplemente comparto mis pensamientos. Los buenos y los malos. Unas veces mi vida es mas jugosa y da mas juego a la hora de escribir. Otras muchas,  como a la mayoría de los mortales nos pasa, nuestra rutina es insustancial e insignificante. Habrá momentos de risas, y habrá momentos “anodinos”, pero la cuestión es que siga habiendo momentos.

Dentro de poco mas de un mes, mi sobrino cumplirá “tres años”. Como cualquier niño de su edad, su vida transcurre entre ir al colegio, vivir deseando ver a Mickey Mouse, y desear tomar el biberón de antes de dormir con cola cao. Dentro de unos cuantos si le apetece podrá leer lo que su tío con veintiseis años mas que él escribe en éstas lineas. Y si no le apetece, no lo hará. ¿O puede que él quiera escribir tambien con solo tres años una entrada?

Pensaréis que ésta entrada no tiene ningún sentido. Pues ahí va la explicación. Por primera vez desde que comencé a escribir y recibier vuestros comentarios, he censurado uno. Lo reconzco y lo digo sin ningún complejo. De doscientos cuarenta y siete comentarios dejados en éstos meses, que haya censurado uno no es mala media.

Al leer ésta entrada, se puede deducir que decía ese comentario. No lo oculto, me sentó mal leerlo. Por supuesto que lo que escribo puede gustar, como horrorizar. Eso está claro. Si a mi algo no me gusta, no lo leo, y punto. Lo he censurado, sí. Pero el comentario está entre éstas líneas.

Para gustos, los colores.

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