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Al final nos acostumbramos a que todos los días veamos en las noticias muertes y más muertes. Alguna vez he tenido las ganas de escribir cierto tipo de entradas “reactivas” en las que opinar desde mi más sincera humildad sobre éste mundo que nos rodea. Pero por circunstancias o porque no se realmente como expresarme, al final se quedan sólo en eso, en ganas.

La muerte del cabo Cristo Ancor hace que hoy escriba y puede que no sea la última vez, sobre un tema un tanto raro en mis páginas. No voy a entrar en posicionamientos políticos, ni ideológicos, ni nada parecido. No voy a opinar sobre el ejercito español, ni hablaré a favor o en contra de los que defienden España con su trabajo. Mi opinión personal sobre ellos, me la reservo. Pero si hablo sobre un muchacho de 25 años que ha muerto mientras trabajaba en una ¿misión de paz?

25 años.

Por supuesto todos sabemos que determinados trabajos llevan implicito un riesgo que cada uno lo acepta individualmente en el momento en el que decide ejercer dicho trabajo.

¿Pero hasta que punto es lícito decir que los soldados viajan a un país en misión de paz y ver diariamente que en ese mismo país, ponen bombas que matan a cualquiera que pillen por la calle? ¿Puede ser que fuera un golpe de efecto decir que saldriamos de una guerra como la de Irak, para meter a los soldados en un país donde viven pacificamente?

Hoy he visto las lágrimas de los compañeros de trabajo del soldado muerto mientras lo despedían en el aeropuerto al son de “la muerte no es el final”, y se me ha encogido el corazón, por no decir que si veo 1 minuto más la televisión habría llorado. Despedían a un amigo, a un compañero, a uno como ellos. Pensarían que cualquiera de ellos podrían estar en esa  misma situación.

Veremos más, seguramente y por desgracia lo haremos. ¿Misión de paz? Mejor en casa que en esa misión…

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