deporte

Está decidido. Y no hay nada mejor para tomar la decisión que hacer algo que luego te pueda acarrear remordimientos de conciencia. La semana pasada fué decisiva e hizo que me lanzara a la piscina. En éste caso hasta podría ser literal, pero de momento habrá que empezar más tranquilo.

¡Voy a hacer deporte!

Ehhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ¡las risas os las guardáis para otro día!

Me he liado la manta a la cabeza y me he gastado unos dineros en ropa de deporte. Dado que mi fondo de armario respecto a ropa deportiva se reducía a un chandal negro y punto, he tenido que ampliar horizontes. Más que nada, es que lo más parecido a deporte que he hecho en los últimos años es… es… es…. ¿Deporte? ¿Qué es eso?

Así que el tema de haber comprado y gastado, ayudará en buena medida a crear remordimientos para hacer que me ponga hacer algo. Bueno, eso y que mi madre me ha dado un ultimatum diciéndome que “o vas a la piscina y al gimnasio o te borro, que no voy a pagar para nada“. Y el ultimatum materno sumado a mi dinero gastado, pues ayuda.  Sí, al marcharme de casa siempre hay algún cabo suelto que se queda a nombre de los padres, y en éste caso es la factura de las piscinas… Mientras cuele, eso que me ahorro. ¡Mal hijo!

Solo me falta empezar a hacer algo, no veo el día de hacerlo. No que no vea el día por ganas, no, si no que no se que día lo haré. Eso sí, lo comunicaré, o igual salgo publicado en el Diario de Navarra como “chico muere de colapso cardiaco mientras corría por La Nogalera de Burlada”. De todas maneras, si no me mata eso, lo harán las agujetas… ¡De algo hay que morir!

Otra cosa, se admiten proposiciones no deshonestas que estimulen mi aficción incipiente al mundo deportivo. Si alguien quiere apuntarse, está a tiempo. (Y bueno, lo de no proposiciones deshonestas iba de broma)

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