perdidos

Llevo un mes inmerso en el mundo de Perdidos y estoy como ellos, Lost. Decidí bajarme la serie por internet porque la pillé ya empezada en televisión. Desde entonces mi mundo no sale de la isla en la que están todos los personajes. En treinta días he visto 72 capítulos de la serie, y he llegado a una conclusión: no tengo ni idea de lo que está pasando. Supongo que como la inmensa mayoría de seguidores.

¿A que cerebro retorcido se le ocurre un guión como el de ésta serie? El guionista creo que tiene más sustancias en la sangre que Michael Jackson el día de su muerte. No me gusta el presente que viven, no me gusta el pasado que recuerdan y menos me gusta el futuro que les espera. Creo que todos éstos “no me gustan” son fruto de los casi ochenta capítulos vistos casi a destajo. ¿Estoy empachado?

Mi sofá me echa de menos. Hace muchas noches que no me acuesto con él. Ha sido sustituido por una cama cómoda con edredón fresón y paredes rojas. Mi televisión creo que piensa lo mismo. Creerá que la he abandonado por el poco uso que le doy en el verano. Pobrecita, también merece unas vacaciones.

En cambio mi ordenador algún día se me va de casa. No descansa ni de día ni de noche, buscando capítulos nuevos y emitiendo los que llevo vistos hasta ahora.

Por lo demás, yo me siento ya uno más de la isla. Empiezo a tener visiones de cosas que ya he vivido, camino bajo la lluvia de las tormentas de verano mientras pienso que soy como Jack mientras sigue un rastro a través de la isla.

Lo que empiezo es a ser un gilipollas que está enfermo de ver una serie como esa tan de golpe. Creo que mi salud mental, si ya estaba tocada un poco, a partir de ahora lo va a estar más. Quiero que termine y necesito que sea ya. O eso, o empezaré a creerme un superviviente del vuelo 815 de Oceanic.

Eso sí, si llega el caso de que lo fuera, me pido a Said para perderme en la selva.

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