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Existen una serie de pasos que se deben cumplir en un día tonto y hoy tenía todas las papeletas para serlo. Cuando se juntan una serie de circunstancias en un momento determinado hacen que una jornada aparentemente normal, pueda concluir en un mar de lágrimas o por qué no, en un océano de alcohol y olvido.

Todo empieza con momentos de apatía y tristeza. De esos días en los que no te apetece hablar con nadie, de los que piensas que no merece la pena confiar para que después… Ya sabes. De esos en los que te cansas de trabajar y te agotas de no hacer nada. De esos en los que seguro y además, tienes el teléfono rojo.

Luego llega la siguiente fase, en la que te regocijas de la situación. ¿Cómo? Llegando a casa y en lugar de ver algo divertido en la televisión, miras algo triste que haga que tu pena se incremente a velocidad directamente proporcional a lo lacrimógeno de la escena. Ésta última opción tambien es factible si lo que ves, en lugar de ser algo triste en la televisión, son canciones que escuchas a través del ordenador. Muy bien. Y ahí es donde entran en juego baladas desgarradas, con lágrimas incluidas de los/las cantantes y cantos de desamor al viento.

Y si ya estamos en éste punto, ¿que se hace? Escribir para desahogar las penas… Tambien viene bien. Conozco perfectamente éstos días, suelo padecerlos a menudo. Preferiremos lo de escribir para desahogar las penas antes que beber para ahogarlas del todo. Pero sólo porque hoy es jueves, mañana hay que trabajar  y “tengo la regla”.

Aunque hoy me ha llamado la atención algo. No hay lamentos que contar, de eso ya me encargo otros días a base de reivindicacións como los tocanarices o los calientapollas. Hoy todo es superable con una canción que no traiga penas a mi casa. Si tengo un Ying que me canta al oído mi vida en verso, tendré un Yang que me haga gritar lo que llevo dentro. Si Naiara me “versa”, el Portal “grita”.

Los gritos no ahuyentarán todos los males, el teléfono rojo pesa demasiado como para salir volando ésta noche. Pero lo demás se diluye entre nuevos ritmos. Hay que renovar la banda sonora en días tristes para hacer que sean más bonitos. Y si el día está a punto de terminar, lo terminaremos con una sonrisa en la cara.

 

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