Tudela%20fiestas

“Son las fiestas de mi pueblo”, “éste finde no estoy, me voy al pueblo que son fiestas”, “éste finde lo tengo liado que vienen todos los colegas a fiestas y me la están preparando”…

¿Cuántas veces podemos llegar a oir eso la sengunda quincena de Agosto? Yo no lo se ya, no tengo suficientes apéndices en el cuerpo como para llegar a enumerarlas. Pero madre mía, si nos gusta más una fiesta que a un tonto un lapiz.

Bueno, digo “nos”, aunque yo me excluyo. Y es que lo de las fiestas del pueblo, mucha gente lo sufrimos en silencio. ¿Que pasa con los que no tenemos un pueblo al que ir a emborracharnos al final de las vacaciones? Pues que nos toca ajo y agua.

Sí, en envidia. Pero uno aprende a ser digno y vivir con ella como si no se le notara. Y es que la vida da muchas vueltas y hay una serie de circunstancias que hacen que las fiestas se vivan de diferente manera. Yo nací en Pamplona, pero vivo en Burlada. Muy bien, hasta ahí bien. Las fiestas de Pamplona las vivimos todos juntos en amor y compañia y hasta ahí perfecto. Pero llegan las de Burlada, y uno ya, con una determinada edad, se encuentra como un elefante en una cacharrería. ¿Gordo y grande? ¡No! (Uy, creo que no he usado el refrán adecuado. Yo y el refranero español no  nos llevamos bien) Bueno sigo, que no importa. Pues eso. Cuando somos más jovenes, es decir, instituto, colegio, tenemos una serie de amigos con los que disfrutamos de las fiestas. Estupendo. Pero el problema llega cuando por circustancias de la vida, hay que salir de tu ciudad para irte a otra a estudiar. Conoces gente nueva, amistades nuevas y las que tenías se van perdiendo. Y en definitiva, cuando haces el regreso a casa te encuentras que ya no hay amigos aqui con los que disfrutar de las fiestas del pueblo.

Si, es triste, pero se lleva como se puede. Al final uno se acostumbra a que todo el mundo recorra los pueblos de Navarra en busca de la siguiente cogorza en el pueblo de tal o de cuál. Y muchos otros nos quedamos en Pamplona  agarrandonos la misma cogorza de siempre, pero con más sitio en los bares. Si es que hay que mirar el lado positivo del tema, ¿no? Eso sí, no cierro la puerta a que algún pueblo caritativo decida adoptarme, y así yo tambien podré decir: “me voy a mi pueblo que son fiestas”

¡Felices fiestas a todos!

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