¿Que se hace en una tarde de verano cuando el día no es lo suficientemente bueno para ir a la playa o piscina? Pues ir de ruta por Navarra es la mejor opción. Después de unos cuantos mensajillos y alguna llamada, con mi coche a cuestas como siempre fuí a buscar a Individuo Castro y nos fuimos de excursión. ¿ A donde? Ni idea, pero la cuestión era largarse de la ciudad.

Al principio pensamos en ir a Roncesvalles, aunque a mi no me covencía, así que tiramos por otro valle y nos fuimos hacia Eugui. La tarde de verano de repente se borró bajo los hayedos y por las carreteras de Quinto Real. Curva para un lado, curva para otro lado… ¿Y si nos sale un ciervo?

Uy, y de repente un puentecillo. Parada rápida en un apartado de la carretera y a cuirosear. Pocos coches pasaban por la carretera. Nosotros en mitad del bosque, viendo la arena que había sacado un topillo de debajo de la tierra, metiendo la mano en el cauce del río Arga, que en ese nivel casi puedes saltarlo de lo chiquito que és. Uy, y de repente vimos que el río salía de debajo del monte. Mira, una de las fuentecillas del río. Bonito, si señor. Aunque no hacía mas que pensar en Perdidos y en si iba a venir a por nosotros un centinela de la isla y de repente empezar a arrancar hayas.

puente

Seguimos el camino con el cochecillo y llegamos a la frontera con Francia. Decidimos seguir y tratar de llegar a St. Jean de Pied de Port, y lo conseguimos. No sin antes tener algún pequeño encontronazo con perros durmiendo en mitad de la carretera, y que no se movían cuando pasabas con el coche por su lado… Encuentros con vacas a ambos lados de la carretera en la que justo pasaba el coche. Eso sí, las vacas ni moverse ni leches. Una incluso se plantó delante del coche y con mirada desafiante, como queriendo decir “yo estoy en mi casa, muevete tu”… Esa dío un poquillo de miedo. Y despues de muchos kilómetros por carreteras francesas, llegamos a nuestro destino.

vaca

Parada de descanso, cafecito francés, eso sí, pedido en castellano. Hombre claro. De paseo por St. Jean, ver el “ambiente” francés, y cotilleando las miles de tiendas que hay en el pueblecillo.

Y de ahí, decidimos regresar por Roncesvalles. Así que carretera de vuelta hacia Pamplona, pero por otro lado. A subir más puertos, que bien. En ese momento nos adentrabamos en la niebla, que al pasar Valcarlos se hizo más intensa. Pero al llegar a Roncesvalles, el cielo parecía despejarse, aunque las nubes que venían de los montes no hacían más que esconder la luz del sol.

sol

Y por supuesto, nueva parada en el camino. Ahora sí, una cervecita con limón con los peregrinos. Uy, que majos los peregrinos. ¿Buscaremos a uno en el Facebook? El descanso del cansado o más bien mareado por tanta curva… Y de ahí a casita que ya habíamos recorrido muchos kilometros. Puerto de Erro, moteros, ciclistas, más moteros. El camión de congelados con un oso polar y una orca, jejeje. Y por fin Pamplona.

Que bien se respira en mitad del monte, aunque huela a cerdo-cabras.

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