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Lunes por la mañana y la sensación de levantarse sin prisas porque no hay que trabajar. Las vacaciones son así, pequeños placeres que se descubren al despertarse en un nuevo día y descubrir que puedes seguir en la cama más tiempo, o simplemente hacer lo que te venga en gana.

Hoy he desayunado con mi tía. Ayer por la noche me invito a bajar a su casa, y de paso le echaba un ojillo a su perrilla. Y de paso, un desayuno como los de los reyes. Y ahí estaba yo, con mi café con leche y mi tostada extra gruesa con mantequilla y mermelada de mora casera, recién hecha y sin pasar, es decir, con el jugo de las moras y las moras incluidas.

Impresionante.

La cuestión es que al hilo de una entrada que leí en el blog de Kar en el que hablaba del chantaje de las madres, yo hoy he descubierto que las madres también nos engañaban para que les dejaramos un poco tranquilas. Me explico. Yo recuerdo que cuando era pequeño, solía ir mucho con mis padres, mis tios y mi retaila de primos por el camino del río a una casa apartada “El Caserío”, donde toda mi familia tenían los perrillos de caza. Solíamos ir casi todas las tardes y pasabamos allí horas y horas, jugando entre piedras, arroyos, bichos, etc… (Ahora el caserío ya no está y lo que si está es la urbanización Ripagaina, en construcción). Cuando íbamos por el camino del río, había siempre muchas zarzas llenas no, llenísimas de moras. Y por supuesto, a todos los pequeños, nos encantaban. Cuando ya habíamos comido un montón, mi madre o mi tía solían decirnos:

“No comáis más que os va a entrar cagalera…”

Y ahí he descubiero el día de hoy que nos engañaban. Mi tía ésta mañana en su afán de que me comiera la tostada con mucha mermelada y mucha mora, me decía que me echara más. Yo le he dicho que no, que si me ponía más, me entraría cagalera, como ellas me decían cuando era pequeño. Al decirme que eso no es verdad, que las de la cagalera son las ciruelas, yo le he recordado lo que nos contaban cuando éramos pequeños.

Entonces, tras una carcajada me ha dicho: “Eso os lo decíamos para que dejárais de pedirnos moras, que sólo hacíamos más que coger para vosotros y no nos dejábais vivir”

Y ahí está el engaño, mentira para su comodidad. Son trucos de madre, para respirar mejor…

Las madres son así.

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