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Las noches de sábado son raras. Sí. Nunca se sabe lo que puede pasar. Si vas por la vida con unas ganas de comerte el mundo un sábado noche, seguramente lo que te comas esa noche será las muelas al ver que te estás aburriendo como una catedral. En cambio un día de esos que decides ir a tomar algo, pero sin saber muy bien que va a pasar y sin ningún plan establecido… Ese día terminas a las 5 de la mañana en la villavesa con un pedo como esa misma catedral, pero ahora para bien.

Y que suele pasar en esos días. Pues que uno se anima, bebe, habla, bebe más, habla demasiado… Y llega un momento en el que de momento te empiezas a acordar de gente que en esos momentos no están contigo y decides mandar mensajillos. Claro, tu estás por ahí de pedo y te importa 3 pimientos, sí, 3, la hora que sea y donde puedan estar los destinatarios del mensaje. Pero tu, en tu saleroso afán de recuerdos, lo mandas.

Esas cosas pasan. Mejor dicho, esas cosas me pasan. Y no es que anoche mandára mensajes a mil personas, ni mucho menos. Sino que es cierto que en mis últimos años de vida es un hecho que ha podido llegar a repetirse de forma habitual tras varias cervecillas en el cuerpo. ¡Es que mi cuerpillo es muy pequeño y la cervecilla mucha para que no me siente mal! Jejeje.

Lo peor de todo es cuando llegas a casa, te acuesta y por la mañana te despiertas. Un sabor desagradable en la boca, dolores de cabeza, malestar general… Vamos, una resaca como un pandero… Y de repente recuerdas “¿mandé un mensaje anoche yo a …?”. Y corriendo a mirar en mensajes envidados, y pataplón… Ahí está el dichoso mensaje. Mandado.

Tierra trágame.

La primera preocupación: ¡que coño le he puesto!

La preocupación posterior: ummm… vale, yo mandé el mensaje, pero no me ha contestado… ¿Se habrá enfadado? Ya se que no eran horas de mandar mensajes… ¿Le habrá sentado mal algo que dije? Bla, bla, bla, bla….

La reación última: ibuprofeno y a la cama, que bastante te duele la cabeza para encima pensar en eso.

En fin, éste es un mensaje para todos aquellos damnificados por mis mensajes sabaderos durante los últimos años…

¡LO SIENTO!

Soy así, impulsivo, un poco tarado y con muy poca cabeza para según que cosas. Diría que no lo volvería a hacer, pero lo veo tan difícil que no lo diré para no romper una promesa.

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