Tanto tiempo esperando a que llegara y ya se fué… Joe, sin casi darme cuenta han pasado ya 10 días, pero hoy lo he vuelto a revivir con las fotografías. Bueno, recuerdos recuerdos, los tengo un poco borrosos, pero de cosas si que puedo hablar…

La alarma del reloj sonó antes que ningún otro día, a las siete de la mañana. Había que despertarse bien, darse una buena ducha para no oler mal ya de par de mañana y quitarse bien las legañas de los ojos. El día 6 hay que afrontarlo bien despierto. Después de pelearme con las 3 camisetas blancas que tenía para elegir y anudar el pañuelico a la muñeca, pongo rumbo al Cañaveral. A las 8.15 h. el almuerzo.

Como siempre, llegué el primero, ni Individuo 3, ni resto de invitados, ni Mati, ni muchisimo menos Individuo 2. Así que a dar vuelticas por el barrio a la espera de mi gente… Mientras, tuve que encontrarme con mi amigo pegaleches, pero eso es otra historia. La historia ésta sigue con alguna que otra jarra de cerveza, huevos fritos con patatas y de postre un Absolut con naranja. El día comenzó con fuerzas… Y mientras la espera, corriendo a un chino a comprar una camara de usar y tirar… Buena compra. Así tenemos fotos, y Mati una con Cruchaga, jejeje.

Llegó la hora de irnos a Pamplona, 10.45h. Así que rumbo a la parada de la villavesa. No podría haber mucho problema, nuestra parada era la segunda de la línea.

Sí, claro. Los cojones.

Una, dos…. Tres…. ¿Cuántas pasaron sin parar? Yo francamente no lo recuerdo. Pero siempre hay un Indiana Jones en algún lugar, para salvar la papeleta. Y ahí teníamos a Super María, que si no es porque abordó literalmente a una villavesa en la parada de enfrente… Se plantó delante del autobús, lo paró, y dijo que nos montabamos, sí o sí… Alguna resistencia por parte del conductor, porque no tienen permitido hacer esas cosas, pero como la abalancha de gente era incontenible, pues allí que fuímos. Después, por supuesto, cánticos a Super María, y al conductor…

Por fin pisábamos Pamplona, la Pamplona blanca y roja… Marea de gente feliz por que llegaran las doce, feliz desde la noche anterior y nerviosos por los largos días que empezaban…

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Plaza del Castillo, litronas, botellas de sidra… Champán, Kalimotxo en las camisetas. La espalda empapada… Y a partir de ahí, fiesta. El resto del día es bastante confuso debido a lo anteriormente mencionado… Eso sí, baile, mucho baile y más baile. San Nicolás, Cuesta del Labrit, Miss Kitty y SuperL…

Y Nicolette… ¡Sólo me subo a los bancos los 6 de Julios! Miradas que se escapan, tonteos con gente desconocida y conocida de noches anteriores. La lengua que se va sola y no controlas las palabras que llegas a decir, pero sobre todo, mucha diversión. Mis Individuos estaban cerca, alguno más cerca que otros.

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Uy, aqui huele a pollo quemado, jajaja… A Indiviudo 2 le gustaban las barbacoas, que se le va a hacer. Y el día 6 fué asi. Pasé de decir ‘hola que tal’ a decir simplemente ‘hjhjhjooooooooolllllllllllllllaaaaaaaaaaaaaaa’. Recorrímos todos los bares habídos y por haber. Me encontré con compañeros del instituto en los armarios para salir fuera.

Y por último Fangoria. Después de aguantar el tostón de Dj que pinchó antes del concierto, llegó Alaska y su voz  SanFerminera a hacernos bailar a toda la plaza de los Fueros. Fue genial, tardó en empezar pero merecío la pena.

Por supuesto hay mil cosas que no recuerdo, si os acordáis de más cosas que yo, que no dudo que sea asi, solo tenéis que dejar vuestros comentarios. Porque el día 6 fue de todos nosotros y esta entrada la tendríamos que escribir juntos. Mi memoria es como la de Dori en Buscando a Nemo, y más cuando lleva alcohol entre las sinapsis neuronales. Y más aún cuando después de este pedo sanferminero llegó otro extremeño muchísimo peor.

No tengo memoria, y el año que viene no se si tendré SanFermin, pero éste ha pasado y no lo olvidaré nunca.

 

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