ciclista

Que bonita tarde de verano… Treinta y muchos grados de temperatura, nadie en la calle en este domingo y yo con mi familia paseando. Es lo que tiene el haber niños pequeños en la familia, que a las 4 de la tarde ya no se entretienen con nada.  Pues para su distracción y mi posterior gozo en un pozo, hemos salido a pasear. Y mientras estabamos sentados en un banco, al tontolaba de mí va y me da por girar la cabeza.

Perfecto. Si quieres jorobar más el resto del día, gira la cabeza. No te basta con que tengas que entrar de guardia ésta noche, claro. Tienes que girar la puñetera cabeza para tocar más las narices.

¿Y que es lo que veo?

Pues al famoso chico del garaje….

Oe oe oe oe…

Uy…

Pero…

¿Que es eso que lleva al final de la mano?…

A ver que mire bien…

¡Coño!

¡TIENE NOVIA!

(…)

(…)

(…)

Ahora mismo tendría que poner una retaila de insultos y palabras mal sonantes… Pero me las ahorro. Ves, mi gozo en un pozo… Ni nuevas mariposas ni leches Azucena. Jajaja. Mira que era difícil juntarse con alguien a las cinco de la tarde con el calor que hace, que lo único que hay son abejas. Pues me tengo que juntar con él, y con la cosa que llevaba de su mano. Desde luego… Una pena.

Ya no tendré aliciente para entrar todas las mañana al garaje. Con la ilusión con la que llegaba con la llave de la puerta y escuchaba el silencio por si conseguía averiguar si estaba sacando su bici. ¿Y ahora que? ¿Como se sigue? Pues como si nada, es lo que hay. Ahora cuando me lo encuentre pensaré “que horrorosos son los calcetines oscuros que lleva” o “le quedaba mejor el pelo largo”. Ya ves…

El que no se consuela es porque no quiere.

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