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La historia parece sencilla pero es de todo, menos eso.  Todo parte a raiz de una cita entre Sandra y Hugh. Uy, que nervios una cita… El sólo hecho de poner cita o de pensarlo, lleva intrínseco los nervios. El ser humano es así de soso… Y los nervios jugaron una mala pasada esa noche. Pero eso es el final.

Sandra y Hugh tienen una cita. Ella ha ido detrás de él, insegura de sus encantos, como siempre… Sólo le falta caerse nada más encontrarse con Hugh. Él por su parte no está acostumbrado a que las chicas vayan detrás de él proponiendole un plan. Más bien suele ser él el que proponga encuentros amistosos con bellas señoritas. Esa noche se siente acobardado e inseguro en su cambio de rol habitual. Pero se produce el encuentro mientras beben un ¿Bloddy Mary? Sí, queda interesante… Jejeje. Beben un Bloddy Mary. Sandra se esfuerza por impresionar al bello Hugh, se muestra segura de si misma, muy segura. Ella trata de ocultar que está acojonada, mientras que Hugh aguanta la presión de encontrarse fuera de  lugar. Sandra está ilusionada como una quinceañera, ha encontrado al misterioso caballero que perturbaba sus sueños y sus anteriores citas… Él era el Don Juan que veía detrás de cada rostro desconocido. Y al fin lo tenía delante. Entre los nervios de la cita, y el esfuerzo de quedar bien, Sandra se húnde en la miseria sabiendo que la está cagando por momentos. Pero hay que aguantar del tirón… Hugh sigue absorto. No concibe una situación tan diferente a las vividas anteriormente. Y ésta situación hace que no sea capaz de ver más alla de ese Bloddy Mary y bloquear cualquier posible más allá con Sandra…

La cita llega a su fin. Todo parece que ha ido bien pero en el fondo los dos saben que no es así. Lo saben en su interior, pero callan. Sandra lleva a Hugh a su apartamento de la 5ª Avenida. Bajo una farola se despiden… Se despiden con un beso, casto, pero un beso… Un beso que será el último que se den. Pobre Sandra, su gozo en un pozo. Pobre Hugh, la presión pudo con él.

Sandra puso todo su esfuerzo e ilusiones en algo que era una simple primera cita, una simple toma de contacto. Hugh se llenó de prejuicios y no supo continuar con la misma primera cita, y fue totalmente bloqueado por el hecho de estar en un papel que no era habitual en él, y se desbordó con la seguridad de Sandra.

Moraleja: ¡las primeras citas son horrorosas!

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