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Viajes, operación salida, maletas, equipaje, excursiones, escapadas, playa, montaña, descanso, relax, spa…. ¡Basta! Sí, en efecto. Un puente de unos cinco días de duración da para todas esas cosas y muchas mas que no me alcanza la imaginación a desarrollar… Y no soy capaz de hacerlo porque HE TRABAJADO TODOS LOS DIAS DE ESTA SANTA SEMANA SANTA.

En fin, es lo que tiene ser veterinario y estar de guardia. Que los pobres animalicos no diferencian si es día de fiesta o no. Eso sí, cuando ya las llamadas a mi móvil de urgencias ser tornan guasonas y a menudo sin sentido, a uno ya le empieza a parecer que le están tomando un poquillo el pelo.

Casi sin poder hacer planes, y si los haces, sabiendo que se desmoronan en cualquier momento. Las llamadas en mitad de un ‘algo’ con los amigos son frecuentes. Su pregunta posterior de ‘¿nos vamos, no?’ es inevitable. Y ves como al final de los 5 días de fiesta, tus amigos casi saben tanto como tú de como estaba el gatito que no comía, o de que había pasado con el perro que le habían dado huesos.

Te das cuenta que en la vida del veterinario están involucrados todos y cada uno de las personas que te rodean cada día. Los ves a través del cristal de la clínica, comiendose un helado de chocolate al solecito de una tarde de Lunes festivo en navarra, mientras limpias el suelo despúes de que pareciera que hubiera pasado un tornado por la clínica.

Y ves que te esperan. Que después de los plantones, las malas contestaciones, las malas caras, (los malos olores a veces tambien) y los retrasos, éllos siguen estando ahí. Haciendo que, después de que luches y luches por salvar vidas y no siempre lo consigas, aparezca una sonrisa en tu cara. A veces cuesta mucho salir.

Mi dedo índice sufrió un percance en una lucha contra lo inevitable… Se quedó dentro de la boca de  un perrito, y hoy es el primer día que puedo tocar una tecla sin que me duela.

Así es la vida, y la muerte.

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