Fin de semana de alquiler

igaratzaNo pudo contener la lágrima que se deslizó por la mejilla al mirar por el retrovisor del coche y ver dejar atrás aquel acueducto que tantas veces había cruzado.

Un fin de semana de alquiler, sin duda…. De cuento de hadas sin final deliz. Pero él lo sabía desde el primer momento que el día de hoy llegaría, el domingo, y todo volvería a ser como antes. Nada cambiaría.

A pesar de todo, él quiso que sucediese así, aún sabiendo que cuando llegase el lunes y despertara en la realidad, iba a sufrir más si cabe que hasta entonces. En ese momento su cabeza era un ir y venir de recuerdos y sensaciones vividas en aquel fin de semana. El nudo en el estomago se hacía mas grande conforme iba mirando los kilómetros en los carteles de la autopista, siendo más consciente de lo que había sucedido y de lo que estaba dejando atrás.  Algo que no tendría que haber sucedido, algo que deseaba tanto que pasase, que ahora que ya estaba hecho, solo podía sentir dolor…. Ese pinchazo agudo en su estomago que era la consecuencia de todo aquello.

El entorno, el lugar, el clíma… Todo era mágico y propiciaba la situación que aquella noche del viernes se forjó con el primer beso. El primero después de hacía tanto tiempo… Cuando sus labios se juntaron con los de él pudo sentir de nuevo ese calor húmedo y tierno que tantas noches había soñado sentir. Todo parecía como antes, pero en el fondo los dos sabían muy bien que no era así… El sábado durante la boda, que era lo que los había juntado de nuevo en aquel paraje maravilloso, mientras la ceremonia transcurría y se encontraban en aquel palaío antiguo y recóndito, no podía dejar de pensar en cuántas veces se habia imaginado en una situación asi con él. Diciéndole que sí, que se uniría a él eternamente…

Un pitído le sobresaltó y miró por el cristal del coche… Sólo quedan 100 kilómetros.

No podía comprender como se podía haber dejado llevar así durante esos días…. Bueno, sí que lo sabía. El amor no había desaparecido. Él seguía sintiendo algo muy fuerte que por desgracia no podía arrancarse de encima. La noche del sábado ocurrió lo mismo y aunque los dos prometieron no pasarlo mal, sabían perfectamente que se estaban mintiendo o por lo menos él eso decía: ” no te preocupes, estaré bien”… Quería engañarse a sí mismo para disfrutar de algo ficticio. Vivir junto a él esa pequeña película intentando olvidar el final que realmente tenía. A él no le importaba en ese momento… Quería tenerle y lo tenía. Quería besarle y podía hacerlo, aún sabiendo que para la otra persona no sería lo mismo. El mañana le daba igual.

Al pasar el último peaje solo faltarían 50 kilómetros.

Su piel, su olor, su mirada… Todo seguía como el recordaba con cierta melancolía inevitable, todo hay que decirlo, pero todo en él era igual. Su forma de hablar, sus ojos brillantes, sus gestos, sus abrazos… Abrazos camuflados en una amistad que no podía sentir, puesto que sentía otra cosa muchísimo más intensa que eso. Pero así era como disfrazaban los abrazos que él le daba.

El domingo había amanecido con un replique de campanas de una torre cercana y se despertó sobresaltado al sentir que ese día terminaría todo…

Al mirar por la ventanilla solo faltaban 20 kilómetros.

Ya todo ese día fue raro entre ellos. Era el final de aque fin de semana de amor de alquiler y lo sabían. Él estaba mal, puesto que ya se estaba imaginando el focus azul alejarse por la carretera con aquel cojín amarillo que le regaló. Las miradas se cruzaban entre ellos, no hacían falta palabras.

Inocente de él, por un pequeño instante se le pasó por la cabeza que después de ese fin de semana podría haber cambiado algo en el otro… ¡No! ¡Cómo pudo caer en eso! Rápidamente borró esa idea de su cabeza… ¡Dios! ¡Cómo pudo pensarlo ni siquiera un momento! Estaba peor de lo que creía.

Las maletas estaban hechas. Las despedidas tambien. Sólo quedaban ellos. Se acercaron, cruzaron una rápida mirada, cambiaron dos besos y un tímido “cuídate” salió de él, mientras realmente su mirada significaba un ” te querré para toda la vida y a partir de ahora lo sufriré en silencio para que tu vivas la tuya”… Se moría por decirle y gritarle que lo amaba, pero sabía que no debía. Que aquello sólo empeoraría la situación. Mientras, contenía las lágrimas y miraba como se alejaba lo que más quería en el mundo para montarse en su coche azul. Él subió en el de su amiga. Rompió a llorar, no pudo evitarlo, sacando todo lo que había acumulado ese día….

… Como lo hizo cuando de repente alzó la mirada y vió el cartel enorme que anunciaba ‘ZARAGOZA?….

Ya había recorrido los 180 kilómetros qeu tantas veces los había separada y que esta vez… sería para siempre.

FIN

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2 comentarios sobre “Fin de semana de alquiler

  1. Muy buena historia, me ha gustado mucho.
    “Se moría por decirle y gritarle que lo amaba, pero sabía que no debía, te querré para toda la vida y a partir de ahora lo sufriré en silencio para que tu vivas la tuya”.
    Me encanta por lo bonito y triste que es a la vez.

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